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Quiero mi drawback, por Franco Giuffra

El drawback le cuesta al tesoro público 800 millones de soles al año. Para ser consecuentes, hay que eliminarlo.

Franco Giuffra Empresario

Drawback sube a 4%: ¿Qué efectos tendrá esta medida? - 1

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No tengo la suerte de formar parte del grupo de empresarios exportadores de productos no tradicionales que tiene asegurado un subsidio estatal equivalente al 5% de sus ventas al exterior. Un subsidio que generosamente pagamos todos los peruanos con nuestros impuestos porque, supuestamente, así los compensamos por los aranceles que eventualmente ellos pagan para importar insumos. 

La premisa detrás de este óbolo nacional es cautivadora: los impuestos no se exportan. Si los pagaron para importar cosas que luego usaron para producir lo que exportan, hay que dárselos de vuelta.

Otro argumento es que el drawback compensa los sobrecostos locales. Como país, no somos competitivos en el concierto mundial: pagamos mucho por servicios varios o por el uso de mano de obra, encarecida por los diversos beneficios laborales. Para competir de igual a igual con otros países, los exportadores “necesitan” esta compensación, según dicen sus defensores.

Por ello, los exportadores se oponen a la reducción de los aranceles a los insumos. Si no hay aranceles, se extingue la necesidad de ser compensados por sus importaciones: adiós al 5% de subsidio. No importa si la reducción beneficiaría a los industriales y consumidores finales. Lo importante es diversificar la oferta exportadora.

¡Cuánta felicidad nos traería a los empresarios que no exportamos un chequecito mensual por el 5% de nuestras ventas! Nos bastaría trabajar en ‘break-even’, tás con tás, para asegurarnos una rentabilidad de 5% sobre las ventas. Con el debido apalancamiento bancario, en una de esas logramos un 10% de retorno sobre nuestro capital. Una cifra nada despreciable, cortesía de la solidaridad de todos los contribuyentes.

Y ya que estamos en plan de reactivar la economía, bien haría el Ministerio de Economía y Finanzas en adoptar esta propuesta de política económica: 5% del monto de las ventas como reintegro para todas las empresas del Perú, sean exportadoras, discotecas o juguerías. Como lo dijo bien un connotado político norteño: plata como cancha. Difícil imaginar algo mejor para reactivar el consumo, generar nuevos empleos, alentar la inversión y desatar la furia capitalista del empresariado criollo.

Total, los que no exportamos también enfrentamos sobrecostos. También sufrimos de mala infraestructura y pagamos esa mano de obra encarecida. Padecemos igualmente la poca competitividad frente a la importación de productos terminados. ¿Cómo podría el fabricante local de motores o bicicletas hacer frente a los productos similares que vienen de China y de la India sin este subsidio? Sería, además de un instrumento promotor, una cuestión de justicia. Porque si los impuestos no se deben exportar, tampoco se deberían vender localmente.

La cuestión estriba en sustentar el asunto con una buena exposición de motivos. Me ofrezco voluntaria y desinteresadamente para acometer esa tarea. Tengo un grupo de amigos que se sumaría presuroso para aportar unos párrafos. Si se trata de explicar por qué necesitamos ese subsidio generalizado, faltará papel para alojar los argumentos técnicos, patrióticos y escatológicos. Nada sería más efectivo que anticipar las calamidades que podrían sobrevenirnos si no instalamos esta política.

La verdad es que el drawback le cuesta al tesoro público 800 millones de soles al año. Mucho dinero para un país pobre, plagado de necesidades, y para sustentar un esquema que distorsiona la asignación de recursos. Se trata, además, de un artificio reñido con una economía de mercado. Para ser consecuentes, hay que eliminarlo.

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