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Las reformas importan, por Enzo Defilippi

“Quien crea que la reforma del sistema político peruano es poco importante o puede esperar, no entiende de dónde saldrán las instituciones que permitirán construir un mejor país para nuestros hijos”.

Enzo Defilippi Profesor de Pacífico Business School

Cuestión de confianza

“La actividad económica florece en sociedades donde las instituciones políticas representan a todos sus ciudadanos”. (Foto. Anthony Niño de Guzmán / GEC)

La semana pasada, representantes de diversos gremios empresariales señalaron que el pedido de confianza solicitado por el Ejecutivo iba a generar consecuencias negativas para el crecimiento económico. Y sí, es probable que el enfrentamiento resultante con el Legislativo afecte las expectativas de consumidores y empresarios y genere un menor crecimiento durante los meses siguientes.

El punto, sin embargo, no creo que sea ese. Cualquier reforma que enfrente intereses tan poderosos como los que están representados en el Congreso generará situaciones que afectarán el crecimiento económico, sin importar cuán legítima, necesaria o conveniente sea esta. En mi opinión, lo importante es si las propuestas ayudan a construir un mejor país o no. Si lo hacen, valdrá la pena el sacrificio, pues las décimas de PBI que perdamos hoy será más que compensado por uno mayor en el futuro. Si no, se tratará de una pérdida de tiempo, oportunidades y bienestar.

Al respecto, he leído opiniones que dicen que la reforma política no mejorará la vida de los peruanos porque no creará más trabajo ni mejorará la salud, la educación o la seguridad. Yo no las comparto. Existe abundante evidencia que indica que la actividad económica (y, por lo tanto, la inversión, el empleo y la recaudación que permite financiar mejores servicios públicos) florece en sociedades donde las instituciones políticas representan a todos sus ciudadanos. De hecho, creo que la estabilidad, el factor utilizado como argumento para señalar por qué el Ejecutivo debiera dejar las cosas como están, sirve de poco si no viene acompañada de ellas. Estable es Alemania, pero también Brunéi, un país muy rico donde hace poco se aprobó que la homosexualidad se castigue con el apedreamiento. La riqueza, por sí sola, no garantiza el desarrollo.

¿Es necesario modificar la inmunidad parlamentaria? Yo creo que sí, porque en una sociedad justa la ley no previene que ladrones, abusivos o corruptos escapen de la cárcel, aunque hayan sido elegidos congresistas. ¿Debemos mejorar la manera en que los partidos escogen a sus candidatos? También, porque la forma como lo hacen hoy los incentiva a beneficiar a sus financistas, aún a expensas del resto de peruanos. ¿Es necesario evitar que el dinero sucio penetre las campañas electorales? Obvio, para evitar que las mafias sigan dificultando que se haga justicia. ¿Debemos implementar mecanismos que garanticen la participación política de las mujeres? Claro que sí. Ellas son el 50% de la población, pero ocupan mucho menos del 50% de los cargos políticos en el Perú.

Quien crea que la reforma del sistema político peruano es poco importante o puede esperar, no entiende de dónde saldrán las instituciones que permitirán construir un mejor país para nuestros hijos.

Ahora, esto no quiere decir que la única forma que pueden tomar las reformas sea la planteada por el Ejecutivo. Pero en vez de mejores alternativas lo único que hemos escuchado de quienes se oponen son, para variar, excusas, insultos y descalificaciones. Entre ellas, que el presidente no busca aprobarlas por una genuina vocación reformista sino para aumentar su popularidad.

A mí, la verdad, eso me tiene sin cuidado. Así como el color del gato no importa mientras cace ratones, su vocación tampoco.

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