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Los sobrinos de la Tía María, por Franco Giuffra

Tía María se tiene que hacer, como deben alentarse otros “megaproyectos” que el país necesita con urgencia.

Franco Giuffra Empresario

Los sobrinos de la Tía María, por Franco Giuffra

Los sobrinos de la Tía María, por Franco Giuffra

La historia es real. Un emprendedor que maneja una pequeña empresa del sector salud está tratando hace meses de importar un tomógrafo usado desde Estados Unidos. Para instalar su consultorio, seguramente en una zona más bien modesta de la ciudad. No puede hacerlo. La máquina está sentada en Miami pagando almacenaje, mientras acá en Lima los burócratas le piden papeles, firmas y sellos de todo género y contenido. Los que están en el Texto Único de Procedimientos Administrativos (TUPA) y los que están en sus mentes coloridas. 

El Instituto Peruano de Energía Nuclear (IPEN), por ejemplo, le exige una carta original emitida por el fabricante, señalando las características técnicas del equipo. No es lo que dice la norma. Basta, en teoría, una imagen de la placa adherida al equipo donde consten sus especificaciones. No para los funcionarios que llevan su caso. Ellos quieren una declaración en tinta viva firmada por el mismísimo CEO de la empresa, si es posible, con una foto donde aparezca con su esposa y su perro ovejero.

Me cuenta su caso y le aconsejo que vaya a denunciarlos al Indecopi. No sabe cómo hacerlo, ni tiene el tiempo ni el abogado. Mientras los costos logísticos en Miami se van comiendo su flujo de caja, con esa misma velocidad se va desanimando de haberse embarcado en este pequeño emprendimiento. ¿A quién recurre una persona en esta situación? 

Me resulta inevitable comparar los estragos de este caso microscópico con las dificultades de la inversión colosal de Southern en el sur del país. Las trabas, siempre las trabas. La prueba palpable de que el país tiene en un mismo vientre las fuerzas suficientes para su desarrollo y también la capacidad para destruirse.

Solo que nadie sale a declarar a favor del caballero del tomógrafo. Así como se mueren los pobres en los hospitales públicos del país, así se mueren los emprendimientos de las pequeñas empresas. Sin portadas en los diarios, sin comentaristas en la tele, sin declaraciones de la Confiep.

Quizá la Confiep resuma bien esta exclusión. De la misma forma como todos los años el nuevo presidente de la Corte Suprema de Justicia anuncia pomposamente que su prioridad será luchar contra la corrupción, cada nuevo presidente de la Confiep declara que en adelante representarán no solo a las grandes billeteras sino también a los pequeños monederos de todo el Perú. ¡Qué buena!

Para todo efecto práctico, sin embargo, el rol más cumplidor que ejerce la Confiep es ofrecer a los periodistas holgazanes un número de celular al cual llamar para conseguir de su presidente de turno declaraciones sobre temas económicos. Y comentarios en tono estadista del tipo “vemos con preocupación...”. O, bien, “creemos que ha llegado el momento...”.

Ojo, estoy 100% a favor del proyecto minero y escandalizado del desmanejo del gobierno de esa manipulada protesta y de la falta de oportuna energía para controlar la sublevación. De eso no debe haber dudas: Tía María se tiene que hacer, como deben alentarse otros “megaproyectos” que el país necesita con urgencia.

Pero esa Tía tiene muchísimos sobrinos olvidados que nadie sale a defender. Decenas de miles de emprendimientos que no avanzan porque el Estado los paraliza con controles absurdos y tramitología asfixiante. Ese es el territorio de los empresarios sin abogados, sin contactos, sin CADE, doblegados económica y anímicamente por el ogro mayor. ¿Los políticos, comentaristas económicos y dirigentes empresariales no tienen una palabra para ellos?

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