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Abróchense los cinturones, por Patricia del Río

“Como suele ocurrir en estas crónicas de un desastre anunciado, nadie salió ileso”. 

Patricia del Río Periodista

Vizcarra PPK

"El presidente confunde lo justo con lo posible. En el contexto en el que le ha tocado gobernar, PPK parece no darse cuenta de que hay muchas decisiones que no va a poder tomar aunque sean buenas para el país", (Foto: El Comercio)

"El presidente confunde lo justo con lo posible. En el contexto en el que le ha tocado gobernar, PPK parece no darse cuenta de que hay muchas decisiones que no va a poder tomar aunque sean buenas para el país", (Foto: El Comercio)

"El presidente confunde lo justo con lo posible. En el contexto en el que le ha tocado gobernar, PPK parece no darse cuenta de que hay muchas decisiones que no va a poder tomar aunque sean buenas para el país", (Foto: El Comercio)

El Ejecutivo luchó contra el mal tiempo, intentó diseñar un nuevo plan de vuelo, trató de superar la turbulencia, buscó rutas alternas, y nada… el avión igual se estrelló contra el aeropuerto de Chinchero, y como suele ocurrir en estas crónicas de un desastre anunciado, nadie salió ileso.

Martín Vizcarra: buscó, desde el inicio, plantear soluciones técnicas a un problema que se transformó en un pleito netamente político. Daba lo mismo si Vizcarra se mataba explicando las nuevas condiciones de la adenda, si el Estado se ahorraba o no dinero, si las nuevas condiciones mejoraban o empeoraban un mal contrato previo: Chinchero se convirtió en el pretexto perfecto para acusar al gobierno de PPK de lobbista, de querer beneficiar a sus amigotes, de hacer del país su chacra. Injusto o no, ya da lo mismo a estas alturas, la estrategia funcionó, y a Vizcarra le costó el puesto.

Pedro Pablo Kuczynski: el presidente confunde lo justo con lo posible. En el contexto en el que le ha tocado gobernar, PPK parece no darse cuenta de que hay muchas decisiones que no va a poder tomar aunque sean buenas para el país, aunque sean urgentes, aunque sean medidas legales. ¿Por qué? Porque tiene una oposición que ya demostró que le va a marcar el paso desde el Congreso. Si no les parece censuran, si no les gusta derogan, si no les parece boicotean. Es lo que hay, y el oficialismo no presenta hasta ahora una estrategia clara para enfrentar ese escenario.

Fuerza Popular: lo de Chinchero ha sido para ellos una victoria fácil. El Ejecutivo manejó tan mal el asunto que los fujimoristas (ayudados por la izquierda y por AP esta vez) no tuvieron más que poner un par de piedras en el accidentado camino para que el gobierno se fuera de cara con adenda y todo. Hasta ahí todo bien, así es la política. El problema es que, cuando no eres consciente de tu fortaleza y se te va la mano, pasas de la astucia al abuso. Se cayó Chinchero, se fue el ministro, pero eso no fue suficiente: había que pedir además la cabeza de Vizcarra y sacarlo de la vicepresidencia. Craso error: no se patea en la cara al que ya está caído. La matonería no trae buena prensa, ni votos.

El contralor: Edgar Alarcón mostró su mano en este juego y viene cargada. Ya sea por afán de protagonismo, por presión del algún grupo político o por lo que sea, el nuevo contralor, quien lleva años en una institución a la que se le pasaron los robos de Lava Jato por las narices, ahora ha decidido observar cada detalle que huela a corrupción. ¿Está en su derecho? Por supuesto, y es su obligación; siempre y cuando use ese poder para cuidar los intereses del Estado y no para complicar más la capacidad de acción de un gobierno que trata de maniobrar con los ojos vendados y las manos atadas.

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