Acción de gracias, por Rolando Arellano
Acción de gracias, por Rolando Arellano
Rolando Arellano C.

Doctor en Administración de Empresas

Los peruanos, a diferencia de los estadounidenses, no tenemos un día especial para agradecer por todo lo bueno que nos ha sucedido en el año. Por esa razón quizá la fiesta de Navidad sea un gran momento para hacerlo. 

¿Gracias por lo que pasó este año? –dirán algunos–. ¿Es qué ha pasado algo de bueno en el país que debamos agradecer? Sin duda sí, nos ha pasado mucho, aunque tal vez nuestro estado de ánimo no nos ha permitido darnos cuenta. 

Podríamos dar gracias porque este año hemos seguido creciendo, de manera interrumpida por más de 15 años. Por cierto, nos hubiera gustado crecer más que el 3% que lograremos, pero eso al menos nos permite mantener el nivel de vida alcanzado ya, incorporando a los nuevos llegados al mercado de trabajo. Pobre consuelo, pero consuelo al fin, es ver que con esa cifra estamos muy por encima del promedio mundial y de nuestros vecinos. Y con ello deberíamos agradecer también porque las proyecciones para el próximo año, siendo similares a las actuales, son muy superiores a lo que se espera del mundo, lo que nos hará más atractivos para las inversiones globales. 

Además, podríamos agradecer porque este gobierno, en lugar de caer en tentaciones populistas de despilfarro e intervencionismo, respetó este año también la hoja de ruta a la que se comprometió al inicio. Nos hubiera gustado mucho más que hubiera agilizado al Estado y actuado más intensamente en promover inversión y creación de trabajo, pero mirando el desastre de , los problemas de Ecuador y Argentina y la debacle de Brasil, nos conformamos con que no haya tomado un camino activo que quizá nos hubiera llevado a situaciones similares.

Asimismo quizá debamos agradecer porque el , del que tanto se habló y se alarmó a la población, aparentemente no tendrá la magnitud de desastre prevista. Ese Niño extraordinario será aparentemente solo un Niño fuerte. Vigoroso sí, pero no desastroso, con lo cual quizá por primera vez en nuestra historia estaremos preparados para un nivel de riesgo que sí podemos afrontar adecuadamente. 

Y en esta Navidad deberíamos agradecer porque las elecciones que se vienen presentan hasta hoy menos riesgos que todas las que tuvimos antes. Esta vez no hay marchas de los cuatro suyos para elecciones limpias, no se ven candidatos que quieran destruir el sistema, y parece que la opción no será como antes, elegir entre el sida y el cáncer sino, en el peor de lo casos, entre una hepatitis o quebrarse un brazo. Ambas curables.

Y podríamos agradecer porque este año se ha notado claramente que la sociedad civil ha comenzado a responsabilizarse de su bienestar en lugar de esperar a que el Gobierno resuelva sus problemas. Los empresarios por la educación, las ONG por la mejora del tránsito, los movimientos contra la corrupción y las asociaciones que promueven el voto responsable son sin duda un punto de quiebre positivo hacia la formación del sentimiento ciudadano que el Perú necesita para desarrollarse. 

Y, en fin, en esta no deberíamos dejar de dar gracias por lo más importante, que a pesar de todos los muchos pequeños problemas, comparativamente a los muy difíciles años que vivimos antes, para el Perú y nuestras familias este ha sido un año de paz. Feliz Navidad.