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Confianza, milonga y ‘mecedora’, por Pedro Tenorio

“A Vizcarra y compañía lo que más les conviene es mostrar efectividad cuanto antes”.

Pedro Tenorio Analista político

Vizcarra/Del Solar

“La reforma es importante y necesaria, pero los partidos se resisten a ella y Vizcarra no ha tejido las alianzas necesarias para impulsarla sin sobresalto”. (Foto: Presidencia)

Lo adelantamos el viernes pasado en esta columna: el Congreso otorgaría la confianza al Gabinete Del Solar. Ahora, vamos a los detalles: ¿cumplirá el Parlamento con todo lo estipulado en el pedido del Gobierno o le dará largas al tema, cambiando aquí y allá los términos de la reforma política anunciada? Lo dijimos hace una semana y hoy insistimos: ocurrirá lo segundo. Es decir, habrá ‘mecedora’. Y con ello la posibilidad de que la conflictividad vuelva en poco más de un mes (¿feliz 28 de julio?), con lo que el país se verá otra vez zarandeado entre la necesidad de trabajar en serio o sucumbir a una nueva guerrilla donde ambos extremos saldrán perdiendo.

Pierde el Congreso, qué duda cabe, ¿pero acaso es posible estar más desprestigiado de lo que ya estaba? Más allá de los aplausos y vítores de una mayoría –y los lamentos de quienes salivaban una disolución del Congreso–, pierde también, a la larga, Martín Vizcarra. Hoy no parece evidente: él y Del Solar le doblaron el brazo al fujimorismo y sus aliados, cierto. Pero el Ejecutivo deberá volver al trabajo, a esa gestión del aparato estatal que para muchos hace agua y que le había merecido un bajón sostenido (de cinco meses seguidos) en sus índices de aprobación en las encuestas.

Además, obtuvo la confianza pero no el control del debate y definición de la reforma política en el Parlamento. ¿Nuevo pedido de confianza en el horizonte? Nada se puede descartar, aunque el momento político quizás no lo favorezca como ahora.

No nos equivoquemos: la reforma es importante y necesaria, pero los partidos se resisten a ella y Vizcarra no ha tejido las alianzas necesarias para impulsarla sin sobresaltos. Así viene la mano y que nadie se sorprenda, conociendo a este Congreso.

Sin embargo, es obvio que unos pierden más que otros. Y en primera línea aparece el fujimorismo, que pudo liderar una reforma política desde agosto del 2016 y no quiso hacerlo. Ahora debe enfrentar el rechazo mayoritario por un esfuerzo que le correspondía –junto al resto de fuerzas políticas, evidentemente– y no atendió. Lo mismo en el caso de la inmunidad, donde tanto cinismo y blindaje les pasó la factura. Súmese a ello la desaparición de Keiko Fujimori de este debate (por más prisión preventiva que la aqueje, pudo pronunciarse públicamente pero prefirió el mutis), y Kenji, que tampoco lideró a sus otrora ‘Avengers’ (hoy bancada Cambio 21). Si esa no es una debacle política en toda la línea, ¿qué lo es?

Aun así, el fujimorismo está herido pero no anulado y ahora se alista a recuperar la presidencia del Congreso y el control de la agenda legislativa. A Vizcarra y compañía lo que más les conviene es ponerse a trabajar y mostrar efectividad –sobre todo esto último– cuanto antes.

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