Conversar sí es pactar, por Fernando Vivas
Conversar sí es pactar, por Fernando Vivas

una vez que PPK confesó lo que todos sabíamos en el “House of Cards” criollo, que lo de la cuestión de confianza era un bluff, tenía que reponerse del roche, tragarse la censura a Saavedra y recuperar la iniciativa política de alguna forma.

La mejor idea era llamar a Keiko para un diálogo ‘win-win’ donde más o menos pactaran lo siguiente: tú me dejas gobernar y no te metes con mis ministros, y yo te ayudo a aparecer como una estadista que usa su mayoría en el Congreso para bien. O sea, tú no me obstruyes ni yo tampoco, que también puedo obstruirte desde el Ejecutivo, ah. Para que quede más claro: tú ayúdame a salir bien parado de mi gobierno y yo no moveré un dedo contra tu candidatura.

¿Que no tiene sentido esto? Pongo un ejemplo de cómo puede operar: Keiko, en su Plan Perú, quiere aparecer como la gran articuladora del emprendedurismo formal e informal de pequeña escala. Para eso tiene proyectos como el del ‘IGV justo’. Es la derecha popular en busca de su nuevo elector emblemático, que este ya dejó de ser el adulto con nostalgias albertistas. Bueno, pues, el Ejecutivo, con la habilidad técnica que no abunda en las filas de Fuerza Popular, podría hacer trizas la implementación de esa ley ya aprobada. Y claro, mientras eso pasa, tendríamos a los congresistas de choque Luis Galarreta o Héctor Becerril coordinando nuevas interpelaciones. Y todos nos vamos al hoyo más rápido. 

Conversar no siempre es pactar, pero vaya que este par necesita un mínimo entendimiento. PPK no es político confrontador, y si lo fuera, no tiene ni la bancada ni las condiciones para pelearse ahora. Su entorno busca estabilidad para los grandes negocios del Perú y no la zozobra que provoca la bronca. Por eso asumió la idea del encuentro, pero lo hizo tan tímidamente, invitando a un gaseoso diálogo nacional, que el cardenal Cipriani se apropió de la iniciativa.

Claro que aplaudo el diálogo. Es una patada hacia adelante para superar el enfrentamiento de poderes. No solo a PPK le urgía, Keiko necesitaba salir de su retraimiento con una pose de estadista. El amargo balconazo de sus 100 días y la prepotente censura a Saavedra despintan su candidatura al 2021.

La presencia del cardenal sí agrega un elemento: se ha colado en las fotos y no dudo de que quiera colar su agenda pro vida y homofóbica en el pacto. Keiko es seducida por los conservadores que buscan una posta de liderazgo. Del cardenal desgastado en tantas tormentas a la joven política que gravita sobre el futuro nacional. Para eso Keiko tendría que enajenar el proyecto de su vida. ¿Será tan necia?

El presidente liberal y la líder conservadora podrán hacer un pacto de mutua no obstrucción. Aplausos por eso. Pero, en buena hora, no podrán pactar contra un tercero que alce cabeza.