¿Y dónde está el copiloto?, por Carlos Meléndez
¿Y dónde está el copiloto?, por Carlos Meléndez
Carlos Meléndez

Politólogo

Luego del discurso inaugural del presidente Kuczynski y de la presentación del presidente del Consejo de Ministros, Fernando Zavala, el actual gobierno se perfila como un ‘upgrade’ del anterior. El presidente cumple al haber convocado al “technocratic dream team” (Martín Tanaka dixit), aunque le quedan puestos claves por designar. La lógica ppkausa replica el sentido común vigente desde las reformas de ajuste aplicadas por el fujimorismo: la economía como piloto del desarrollo del país; el resto es ‘chorreo’. La revolución social consiste en que escurra más. En la práctica, ninguna reforma sustantiva. Acercar servicios estatales al ciudadano es ser más eficientes en lo que ya se hace. Es lo mínimo que se puede pedir al gobierno de un “presidente de lujo” (sic).

Concedamos –aunque sea como ejercicio metodológico– en que de lo que se trata –como promete Zavala– es de retomar el timón de la nave y declinar el piloto automático. El problema principal radica en la ausencia de un copiloto que acompañe la dirección a buen puerto, sobre todo cuando yerre la conducción. Recordemos –una vez más– que no hay crecimiento económico sostenido sin desarrollo de las instituciones políticas. Si la economía dirige el país, la política debe hacer su parte de la chamba. Pero hasta ahora se ignora la ingeniería política. Ministro Zavala, ¿y dónde está el copiloto?

Normalmente el partido de gobierno asume la responsabilidad de nutrir de política a las regulaciones implementadas por los cuadros técnicos. La debilidad estructural del modelo ha sido precisamente la ausencia de este acompañamiento. Ni el Apra en su momento –mucho menos Perú Posible ni el Partido Nacionalista– logró ser el intermediador capaz de neutralizar la conflictividad social, que tanto obstruyó a las inversiones. Sabemos que Peruanos por el Kambio –en términos orgánicos– es más liviano que sus antecesores partidos oficialistas. Ello, empero, vuelve más relevante la operación política para enfrentar las carencias de representación. La intermediación de demandas sociales debe realizarse mediante el establecimiento de un sistema de articulación entre los niveles de gobierno (subnacional-centro) resistente al embate de los poderes ilegales. El desafío político va más allá del “blindaje” y la “traducción”.

El gobierno de Kuczynski emprende su travesía sin copiloto político, sin reparar en el peligro de tal negligencia. No hay Perú moderno sin instituciones políticas ni mecanismos institucionalizados que conduzcan el reclamo ciudadano a quienes diseñan el país “republicano”. No hay Perú moderno con 197 “mesas de diálogo” –mecanismo informal que reproduce el propio Estado– que solo han avanzado el 20% de las respectivas demandas por protesta social. Ni habrá Perú moderno si se esconde la Oficina Nacional de Diálogo y Sostenibilidad bajo las faldas de algún ministerio. Definitivamente, no llegará la modernidad con miedo a la política. 

En 1990 Juan Carlos Hurtado Miller confió a Dios los destinos del Perú. Hoy Fernando Zavala parece inclinarse por “Dios es mi copiloto”, aunque curiosamente no estemos en tal crisis. Con razón, el séptimo “mandamiento” de PPK es la absolución.