Desbalance político, por Marco Sifuentes
Desbalance político, por Marco Sifuentes

Cuando la aún no termina, puede parecer inoportuno, e incluso insensible, ensayar un balance político de estos días. También es arriesgado: no hay balance posible si todavía no hay cómo recuperar el equilibrio. Pero es un ejercicio útil: quizás sirva para que los que están haciendo mal las cosas se corrijan, y para que los que las están haciendo bien no se desvíen del camino.

Hay una ventaja. En este tipo de situaciones, hacer bien el trabajo y hacer política bien se parecen mucho. Las autoridades son elegidas, precisamente, para momentos como estos. La gente espera una respuesta a la altura. Y si la obtiene, lo recuerda.

Al revés también se aplica. Que lo digan si no los apristas, que aún cargan con el lastre de Pisco y su “reconstrucción”, que al final fue una excusa más para faenones (Forsur, BTR, etc.). Diez años después, cualquier opinión suya en estos momentos solo recibe una avalancha de menciones al posterremoto.

Esta es una advertencia para el Gobierno Central que, hasta el momento, parece estar teniendo una respuesta eficiente y, además, sabe capitalizarla. El audio de la ministra Marisol Pérez Tello que viene circulando en WhatsApp puede ser muy sincero y, a la vez, un gran vehículo de propaganda dirigida. Para un régimen con la popularidad en picada, este Niño ha venido con un pan bajo el brazo. Le pasó a Fujimori, que tuvo un 1997 con todo en contra (marchas por el Tribunal Constitucional, Leonor La Rosa, Ivcher) y que remontó gracias a El Niño de 1998.

Diecinueve años después, las reacciones de sus hijos ante este desastre son reveladoras. Una intenta capitalizar en redes bajo la etiqueta #EstamosKontigo; el otro se con la primera dama y usa el oficial #UnaSolaFuerza. Una aprovecha para lamentar en público que no haya podido reeditar las acciones de su padre; el otro va y se toma una foto idéntica a la de Fujimori en el 98. El Kenji de El Niño es mucho más político que la Keiko de Harvard (aunque ambos sean solo personajes). Una se lamenta y confronta, el otro actúa y tiende puentes.

Y vaya que se necesitan puentes. En lo que va del año, en nuestro país se han “desplomado” 183 puentes, según el Indeci. Pero uno destacó sobre todos, por tres razones: porque había video, porque era amarillo y porque se llamaba como el partido del alcalde de Lima. De hecho, solo en la capital, en menos de tres meses, se han caído 55 puentes (30% del total). ¿La respuesta de Castañeda? Refugiarse con periodistas sobones o programas de espectáculos. Una lástima.

Al margen de preferencias o antipatías, nos conviene que a las autoridades les vaya bien, porque eso significa que están sabiendo responder a la altura de su cargo. Esta es una situación en la que hay poco espacio para enmascarar fracasos o ‘caletear’ mezquindades. Y si intentan hacerlo, bueno, ya vemos lo que les está pasando.