Los dilemas de Keiko, por Pedro Tenorio
Los dilemas de Keiko, por Pedro Tenorio
Pedro Tenorio

Analista político

No ha de ser fácil estar hoy en los zapatos de Keiko Fujimori. Muchos piensan que sí, pues disfrutaría del poder y dádivas que le dispensan sus 72 congresistas. Sin embargo, hay una dimensión clave en este momento político: no son pocos quienes le aseguran que el presidente Pedro Pablo Kuczynski será incapaz de sostenerse con el paso de los meses, por lo que ella debería poner en marcha una estrategia legal para asegurar su caída y, más temprano que tarde, adelantar elecciones. En cambio, otros argumentan que ese sería un grave error, por lo que deberá sostener a Kuczynski mientras no aparezca evidencia en el Caso Lava Jato que comprometa su mandato.

No exagero. Ese es uno de los debates más intensos que anima al fujimorismo en las últimas semanas. Y según personas familiarizadas con el pensamiento de Keiko, ella ha optado por aguardar a que el gobierno encare y resuelva sus crisis sin que Fuerza Popular agudice la situación disparando a diestra y siniestra. Esto es evidente desde mediados de enero donde observamos un repliegue de voceros que, por mucho menos, incendiaban la pradera (recuérdese el caso del ex ministro de Educación, Jaime Saavedra). Hoy tenemos a la bancada centrada en las comisiones Lava Jato y de Fiscalización, y respondiendo uno que otro torpe embate oficialista, pero muy lejos de la “guerra relámpago” que hubiéramos esperado tras la revelación del pago de sobornos de Odebrecht a Alejandro Toledo por una operación (la Interoceánica) realizada cuando PPK era titular de Economía y, luego, presidente del Consejo de Ministros.

“No se piensa en una vacancia. Aun en el escenario más negativo para Kuczynski esperaríamos una renuncia que le dé continuidad a este gobierno a través de sus vicepresidentes”, menciona una fuente cuando se le pide especular a tono con lo que se comenta en los corrillos políticos. De ser así, Keiko no apostaría por acortar plazos ni buscar el adelanto de elecciones. Existe el temor, además, de que sea finalmente percibida por la población como parte del problema antes que de una solución.

Para el Ejecutivo la situación es delicada: el “partido” se rebela a PPK exigiéndole chamba en el Estado. Y de su bancada no se diga más. Así, este no solo carece de respaldo popular –menos de 4 de cada 10 peruanos aprueban su gestión, según Ipsos–, sino que continúa cuesta abajo.

Ante un gobierno tan debilitado el fujimorismo continuará debatiendo internamente si empuja una vacancia o le brinda un mínimo sostén político. Por ahora Keiko apuesta por lo segundo, pero cada mes –y cada nueva revelación del Caso Lava Jato– marcará la pauta de lo que pueda ocurrir próximamente.