"Garcilaso canta en puna", por Fernando Vivas
"Garcilaso canta en puna", por Fernando Vivas
Fernando Vivas

Columnistas, cronista y redactor

fvivas@comercio.com.pe

FERNANDO VIVAS

Periodista

Todavía me dura la vergüenza. Pero no por el ‘bullying’ racista al que la hinchada del cusqueño Real Garcilaso sometió a . Eso lo repudio, pero lo comprendo. Todo estadio serrano está lleno de discriminados. La primera mayoría insultada del Perú, la vanguardia nacional de los ofendidos, ¡cómo va a perder la oportunidad de desquitarse con una tercera raza en la cancha de las pasiones!

De niñito me enseñaron que “gallinazo no canta en puna”. Creí que era un asunto biológico. Que mientras más oscura la piel, mayor el soroche. Que por eso Alianza Lima no la hacía en Cerro de Pasco. ¡Ja! Era una transferencia del racismo: blanco desprecia a cholo, cholo se desquita despreciando a negro. Y negro le devuelve el desprecio al cholo. El odio es siempre interactivo.

Tampoco me avergüenza que Dilma Rousseff haya tuiteado: “Fue lamentable el episodio de racismo contra el jugador Tinga [...], en Perú”. Y que aprovechara el incidente para marketear su próximo mundial como una “copa contra el racismo”. Brasil no tiene nada que escuelearnos al respecto. Su primera mayoría ofendida es precisamente la afrodescendiente. Trivia: ¿cuántos afrobrasileños protagonizan las telenovelas de Rede Globo? Poquísimos. Si acaso llegan al estrellato, suelen ser futbolistas o músicos, igual que aquí. Para ser ciudadanos con derechos iguales, antes deben ser ciudadanos con habilidades especiales. Ese es el triste estado de la inclusión en nuestra región.

El roche que no se me pasa es por el par de tuits de nuestro presidente. Uno, porque dudo que los hubiera escrito sino es porque Dilma se lanzó al ruedo. Dos, porque son blandengues hasta dar lástima. Primero dijo: “Un país tan diverso como el nuestro y que fortalece su identidad no debe admitir reacciones racistas”. Algún asesor, sino fue Nadine o su voz interior, le habrá dicho: ‘Oye, pero tú eres el presidente, di qué harás contra la lacra’. Entonces, cinco minutos después, tuiteó: “Expresiones como las de ayer en un partido de fútbol deben originar indignación e impulsar nuestra lucha contra todo tipo de discriminación”. , ¿en cuál de tus 280 pobres caracteres pides perdón a Tinga?, ¿en cuál de ellos siento que mi culpa de inga o de mandinga serán redimidas con una sanción ejemplar?

El segundo tuit aludió vagamente a ‘nuestra lucha’, pero no dijo qué sector la lleva a cabo, ni qué avances hay al respecto. Recién el sábado apareció un comunicado de la Comisión Nacional Contra la Discriminación (Conacod), sin firmas y tan confuso al hablar de ‘medidas correctivas’, que lo difundió el aclarando que la comisión la preside el de Justicia. No perdamos el tiempo, esa comisión de marras no servirá para nada, al igual que la de Seguridad. La única manera de combatir al racismo es financiando y empoderando a entidades ejecutivas como el Indecopi para que continúen haciendo campañas y operativos con capacidad sancionadora. Un consuelo es que los gobiernos locales con ordenanzas y operativos antidiscriminación llevan la delantera. 

El presidente la tuvo difícil en casa con las chifladuras etnocaceristas de su padre, pero, vamos, se promocionó como el candidato de la inclusión y es muy poco lo que ha hecho para que, por lo menos, peruanos idiotas no vayan coreando sus odios atávicos ante el mundo.