Libros que unen países, por Rolando Arellano C.
Libros que unen países, por Rolando Arellano C.

Dicen que los libros sirven para muchas cosas, para leerlos, culturizarse o divertirse, para llevarlos en el brazo y darse aires de intelectual o para arreglar la pata de una mesa. Podríamos añadir un uso más, los libros sirven también para unir países. Este es el caso de la , Filbo, donde el Perú es país invitado, que está ayudando a romper estereotipos y prejuicios que han dividido durante largo tiempo a peruanos y colombianos.

Para muchos peruanos, las principales asociaciones de la palabra ‘’ han sido guerrilla, violencia y drogas, aspectos muy importantes de su historia reciente. Desgraciadamente esa imagen oculta los muchos aspectos positivos de ese país, que superan con creces los problemas conocidos.

Ella por ejemplo oculta que la violencia sigue presente pero que hoy tiene proporciones mucho menores, y que, como dice su publicidad, el mayor riesgo allí es querer quedarse. Así la ciudad de Medellín, que hace 20 años tenía un gran problema ligado al tráfico de drogas y ostentaba la cifra más alta de homicidios del mundo, hoy es un ejemplo mundial de desarrollo social. También esos estereotipos opacan una de las características más importantes de los colombianos, la alegría de vivir, que se expresa en la cumbia, el vallenato, Shakira, Vives o Juanes, que todos gozamos recordando raramente su origen. Y poco conocemos de la cultura académica colombiana, que tiene uno de los sistemas universitarios más avanzados de la región, pues no solo tiene gran producción intelectual, sino que esta es original y aplicada a la realidad latinoamericana.

Estereotipos parecidos se dan entre los colombianos sobre el Perú. Diría que la imagen que tiene aún sobre nosotros el colombiano promedio es la de una población poco educada y muy atrasada socialmente. Además de la idea del peruano como rural y tradicional, la gente guarda muy fuertemente la imagen que daba de nosotros la televisión peruana de los años 90, esa que captaban con antenas que llamaban “perubólicas”. Desde la época en que enseñaba en la Universidad del Valle en Cali, hasta hoy, en los cursos de posgrado que Centrum da en ese país, en cada clase siento que debo luchar contra la imagen del peruano de las polladas, lauras y señoras desdentadas que hacen cualquier cosa por ganarse un carrito sanguchero.

Felizmente eso ha empezado a cambiar en ambos lados, debido a la evidencia del crecimiento económico peruano, al reconocimiento de nuestra cocina, que ocupa los primeros puestos de los ránkings ‘gourmets’ colombianos, a la gran mejora social colombiana de los últimos tiempos, y al acercamiento cada vez mayor de empresas colombianas y peruanas en ambos mercados.

Y creo que nuestra imagen en Colombia mejorará más, pues los miles de personas que están visitando el muy bien montado pabellón peruano de la Filbo y escuchan a sus conferencistas, en especial a , están dándose cuenta de que el Perú también produce cultura de calidad. Y mejorará también la imagen de Colombia en el Perú. No solo por la evidencia de su capacidad cultural, exhibida en esa inmensa y concurrida feria, sino también porque los autores y expositores peruanos que allí participamos no dudaremos en remarcar la calidez y deferencia con que nos recibieron. Es cierto entonces que los libros pueden unir países.

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