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La náusea cívica, por Mariella Balbi

Solo un gobierno que ve enemigos en cada rincón o que tiene oscuros propósitos espía a través de la DINI.

La náusea cívica, por Mariella Balbi

La náusea cívica, por Mariella Balbi

En apretada síntesis, para el pensador francés Jean-Paul Sartre, la náusea aparece al sentir el absurdo de la existencia, cuando percibimos que estamos de más en el mundo y que todo es contingente. Al corroborar que el régimen de Ollanta Humala –elegido limpiamente– espía de modo intenso a sus connacionales cada día, cada año, prácticamente desde que llegó al poder, nos invaden el rechazo y el asco. 

A cuatro años de gobierno nacionalista, como diría Sartre, “el universo sigue siendo negro. Somos animales siniestros”. Estamos lejos de ser un país democrático. Muchos dudamos si, luego de años de reglajes y con un poder paralelo, podamos recomponer la institucionalidad en el país. Porque el desastre no es solo lo que vivimos, sino lo que vendrá. Cada gobierno está obligado, si tiene vocación de servicio, a dejarle un mejor país al siguiente. Y así seremos mejores.

Hemos pasado diversas tormentas: el deseo de reelección conyugal, el Caso López Meneses y sus vinculaciones con Ollanta Humala, la telenovela Martín Belaunde Lossio, la búsqueda “frenética, implacable, obsesiva” que permitió su fuga del país. Un personaje que parece tener información muy comprometedora de la pareja presidencial. Y como mar de fondo el espionaje, el reglaje a quienes no son gratos al régimen y no son ‘ayayeros’.

Cuando se denunció el incremento voraz del presupuesto de la DINI, se nos trató de afiebrados, exagerados, fruto de una animadversión al gobierno. Hoy vemos que la DINI tenía, tiene, un frondosísimo número de espiados, trabajo realizado con nuestro billete y totalmente fuera de la ley. El argumento cretino de que todos los gobiernos recaban información de políticos, empresarios y periodistas es deleznable. Solo un alcornoque lo cree.

Durante el gobierno de Fujimori y Montesinos me ‘chuponearon’ 1.500 correos electrónicos. Mis conversaciones telefónicas con el periodista Juan Carlos Tafur y con Julio Favre, lamentablemente fallecido, fueron publicadas. El gobierno de Humala husmeó mis cuentas en Registros Públicos y en Personas Jurídicas que incluye a la Sunat. Es información pública –gritan–, otro argumento bucéfalo. La democracia en el Perú es boba, pero los demócratas no lo somos tanto. Para qué abren un expediente de mi insignificante persona y peruanos con más cualidades. ¿Hay más información en esos nada inocentes ‘files’, por más que quieran presentarlos así? Ojalá el fiscal de la Nación devele esto.

Solo un gobierno que ve enemigos en cada rincón o que tiene oscuros propósitos espía a través de la DINI y otros organismos de inteligencia. Humala nunca se adecuó a la vida civil, menos a los modales que esta exige. Tal vez piense que gobernar es como una guerra, finalmente esa fue su formación. Todos son enemigos y hay que arrasar con ellos. Para él –novel en política–, la vida republicana comienza con su administración. Lo anterior fue una porquería, la crítica lo enerva y la oposición está muy por debajo de él y de su casi inexistente partido.

Ya los peruanos vemos cómo la candidata Nadine Heredia ‘foulea’ las reglas democráticas, a saber: ningún candidato tiene prerrogativas, lo dice la ley. Así serán los próximos comicios: con la DINI, con el Caso Belaunde Lossio llevándonos al límite, con estridentes ataques e inestabilidad política.

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