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Lo tenía que decir y lo dije, por Fernando Vivas

“¿Para cuándo se abrirá investigación contra el entorno de Paolo Guerrero?”

Fernando Vivas Periodista

Guerrero

"Aquí hay suficientes razones para investigar a los abogados, a la mamá y al propio crack, que apareció declarando contra el hotel una vez que se difundieron los indicios truchos de la contaminación del matecito". (Foto: GEC)

Chávarry es un personaje sobrevalorado, para el bien y para el mal. Sobrevalorado por el fujiaprismo, que lo quiso de dique contra las pretensiones de sus enemigos de llevar la persecución a Keiko y Alan a extremos; pero el hombre hacía agua. Sobrevalorado por quienes quieren verlo preso porque, al defenderse de una implacable campaña de demolición, presuntamente violó una oficina lacrada. Bah, es un fiscal mediocre cuyo caso revela la urgencia de una reforma del MP (Ministerio Público) para tener un grupo más grande de elegibles, que no solo sea la media docena de fiscales supremos titulares, sino también los mejores fiscales superiores.

Otro tema y otra exigencia para el MP. ¿Para cuándo se abrirá investigación contra el entorno de Paolo Guerrero por presionar a los trabajadores del Swissotel para que respalden la ridícula teoría de la contaminación cruzada? Hasta ahora, que yo sepa, solo está investigada Valeria Arroyo, esposa del ex abogado de Guerrero, Julio García Torres, denunciada por el Swissotel, con pruebas contundentes, por intentar inducir declaraciones de un trabajador. He leído en el libro “Así nos robaron” (Planeta, 2019), de Umberto Jara, que la popular doña Peta, la madre de Paolo, se acercó a la familia de otro de los empleados. Ya, pues, aquí hay suficientes razones para investigar a los abogados, a la mamá y al propio crack, que apareció declarando contra el hotel una vez que se difundieron los indicios truchos de la contaminación del matecito. Si se tratara de un político, la justicia y la opinión pública se hubieran cebado en él.

La reforma universitaria aún tiene huecos que escapan a la proactividad de la Sunedu, pero qué bueno que haya golpeado a Telesup, el buque insignia con el que José Luna ayudó a tejer una red de influencias en la política, los organismos electorales y el extinto CNM. Ningún poderoso debe usar la educación para promoverse políticamente ni para lucrar con triquiñuelas (como los que ganan sueldazos en la Garcilaso de la Vega) y ese mensaje ya lo oyó clarito César Acuña, que, formalmente, se ha desligado de su rol directriz en la César Vallejo (aunque hay que vigilar que cumplan él y su familia la promesa, pues a su hijo Richard se le acusó de un intento de injerencia). Pues, esto también debe valer para Raúl Diez Canseco, fundador y promotor de varias iniciativas de la USIL (Universidad San Ignacio de Loyola), muchas de ellas loables, pero, vamos, ya estamos hartos de señores que toman el nombre de una casa de estudios para repartir cartones, togas y honoris causa. Emprendedores de la educación, en homenaje a sus propias criaturas, déjenlas vivir en paz y de acuerdo con las normas, si no quieren que la ley los ponga en vereda.

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