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Partidos ‘light’ (5), por Carlos Meléndez

“La obligatoriedad legal condiciona un mundo paralelo de sacadas de vuelta a la ley”.

Carlos Meléndez Politólogo

Partidos ‘light’ (5), por Carlos Meléndez

Partidos ‘light’ (5), por Carlos Meléndez

Desde hace un mes he venido ocupando este espacio para sugerir propuestas de reforma política a la altura de los desafíos al bicentenario de nuestra República. Hoy culmino, proponiendo un giro en la forma de pensar el paradigma del “fortalecimiento” de los partidos políticos. Los partidos no volverán a ser aquellas estructuras burocráticas que apelaban a una representación corporativa de la sociedad. No es un cambio exclusivo de los escenarios poscolapso partidario –como el peruano– sino también dado por procesos culturales globales que golpean las identidades partidarias.  Esta razón, anclada en la lógica de la evidencia empírica, establece como descaminado persistir en normas para promover partidos “fuertes”. Lo necesario es la facilitación de partidos ligeros (que no es lo mismo que débiles) con capacidad de adaptación a la volatilidad electoral y atractivos para simpatizantes (no para militantes). Ha llegado la era de los partidos ‘light’.

Así, las exigencias que impone la ley, como cifras elevadas de firmas, militantes y comités partidarios activos, pertenecen a un contexto fundacional ya arcaico. La obligatoriedad legal condiciona un mundo paralelo de services o sacadas de vuelta a la ley. Hoy los partidos cumplen sus funciones de acción colectiva (organización) y elección social (mensajes) a través de lo que la jerga politológica llama “sustitutos partidarios”. Por ejemplo, se emplean universidades-empresa e infraestructuras de iglesias para proveer recursos para la movilización de electores, así como “técnicos” para la difusión de programas. Por lo tanto, cualquier normatividad legal deberá promover la provisión de recursos políticos para reemplazar o formalizar a esos “sustitutos”. 

Para el enraizamiento territorial se deben alentar las alianzas entre quienes tienen capital para la movilización electoral y los partidos nacionales. Los movimientos regionales que quieran participar a nivel subnacional deberían hacerlo con el patrocinio de partidos. En vez de fomentar la disputa entre organizaciones locales y nacionales, debemos incentivar el acercamiento (aunque este no tiene por qué ser necesariamente duradero). Así, los partidos podrán cumplir exigencias mayores: participación obligatoria en todas las elecciones nacionales o subnacionales. Concuerdo con quienes entienden que si un partido no se presenta a determinado proceso electoral, perdería su inscripción; pero se debe generar un sistema para que pueda cumplimentar dichos requisitos a través de generar sinergias con actores regionales.

Para promover la capacidad programática es vital habilitar ‘think-tanks’ o centros de investigación nacionales y descentralizados –asociados a los partidos–, que concentren tecnócratas capaces de producir propuestas de políticas. Tanto proyectos de ley congresales como planes de gobierno, deberían originarse en estos centros de pensamiento, vinculando el ‘policy-making’ con la política formal. Así, los pronunciamientos partidarios en el debate nacional limitarán la improvisación y darán señales al electorado de las tendencias de su “marca partidaria” favorita. No estaremos –necesariamente– ante partidos doctrinarios, pero sí ante promotores de ideas-fuerza materializadas en ‘policies’. ¿Estamos dispuestos a pensar fuera de los moldes convencionales para reformar nuestra política o seguiremos atrapados en esquemas mentales del siglo pasado?

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