El rombo sigue su rumbo, por Rolando Arellano
El rombo sigue su rumbo, por Rolando Arellano
Rolando Arellano C.

Doctor en Administración de Empresas

Las ideas tienen que hacer su camino antes de ser aceptadas, y ellas se consagran cuando las evidencias no dejan opción a la duda. Eso es lo que ha sucedido con la idea de que el Perú ya no es más una pirámide, sino un rombo, en donde las mayorías se encuentran al centro de la estructura social. Pero las buenas ideas, como las sociedades, no son estáticas y creemos que hoy se necesita dar un paso más para la comprensión de lo que ocurre en el Perú del presente.

Primeramente, debemos reconocer que la “nueva clase media (NCM)”, como denominamos hace algunos años a ese grupo social que resulta de la consolidación de los migrantes luego de 2 o 3 generaciones de llegada a las ciudades, es un grupo que continúa creciendo permanentemente. Si las estadísticas nos dicen que en los últimos 10 años el Perú ha reducido su porcentaje de pobres de 55% a 22%, encontramos que 33% de los peruanos, 1 de cada 3 paisanos, ha entrado en esa NCM en los años recientes. Y si bien su velocidad de crecimiento ha disminuido, en ningún momento se ha detenido. Tendremos cada vez más.

En segundo lugar debemos ver que ese crecimiento del rombo ha conllevado una disminución de la distancia social en el Perú. El índice de Gini, que mide la distancia económica entre ricos y pobres ha pasado de 0,51 a 0,44 en ese tiempo, acercando a ricos y pobres más que lo que se observa en Estados Unidos o Chile. En otras palabras, no solamente somos menos pobres, sino que esa clase del medio representa más a la totalidad de los peruanos.

En seguida debemos saber que, si bien esa clase del medio es más pobre que los ricos, su comportamiento se acerca cada vez más a la de los grupos con riqueza tradicional. Un reciente estudio que dice que “un tercio de los clientes de los restaurantes gourmets son del NSE C” es solamente una evidencia más de lo que se ve en las tiendas de ropa de moda, espectáculos y centros comerciales. Y si bien su frecuencia de compra es menor, su número mayor los hace clientes muy interesantes para las empresas, como lo hemos dicho tantas veces en nuestros estudios “EstAr” (“Estilos de vida de peruanos y latinoamericanos”).

Esta evidencia nos dice además que la clasificación A, B, C, D y E de la sociedad, que usamos corrientemente, necesita ser reinterpretada para entender mejor el rumbo de este rombo. Un B de la clase media tradicional es diametralmente distinto a uno de la NCM. Pero por encima de ello, debe entenderse que la visión estereotipada que muchos empresarios (y políticos) tradicionales tienen de los “pobres”, puede estar llevándolos a tomar decisiones equivocadas. Equivocadas al dirigirse a un grupo equivocado, o al equivocarse sobre cómo es el grupo al que se deben dirigir.