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Ya te tasamos, Martín; por Fernando Vivas

“El presidente ha caído en la trampa de contar con ministros débiles”.

Fernando Vivas Periodista

Martín Vizcarra

Vizcarra dijo esperar que el proceso de extradición por el cual se le ha detenido contra el otrora jefe del Estado se lleve a cabo "en el menor plazo posible". (Foto: GEC / Video: TV Perú)

Ya somos muchos –desde fujimoristas conspiranoicos hasta caviares perdonavidas– que creemos que Vizcarra promueve una reforma política para tener al Congreso anulado, mientras él resuelve sus déficits de gestión.

Y ya Martín Vizcarra tasó que lo tasamos. Entonces, el panorama nos obliga a sincerarnos: el Congreso hará lo que pueda y lo que quiera estirando las ‘esencias’ de los proyectos del Ejecutivo, y Salvador del Solar le pedirá a Vizcarra ser más aquiescente con esos opositores condenados a no reelegirse. El primer ministro ha tasado algo adicional: que él es una pieza sacrificable en el juego de la reforma. Lo menos que querrá, si sucumbe, es que se lo recuerde por una performance de diálogo y gestión, antes que de pechadas displicentes. Por supuesto, sin perder la esperanza de que dos o tres pilares de los proyectos de reforma se instalen.

Vizcarra se sabe observado en su gestión, como tiene que ser, y debe mostrar gestos y esfuerzos que satisfagan la inquietud general. Y aquí viene un serio problema: el presidente se conforma con la debilidad de sus ministros pues así se reserva las decisiones finales. No es mi caprichosa impresión. He percibido esa lógica en miembros del Ejecutivo y ayer la verbalizó el propio Vizcarra cuando encaró a la prensa tras inaugurar una obra en Ate. Le preguntaron si iría a dialogar al Valle del Tambo. Respondió que esto era algo ‘secuencial’ y empezó a explicar la secuencia. Dijo que ‘primero iban los ministros’, y mencionó, para este caso, a los de Energía y Minas, Ambiente y Agricultura. Cuando empezaba a mencionar el siguiente paso en la secuencia, que era, obviamente, Del Solar, cortó la primera sílaba y cambió de tema.

Vaya que hubiera sido imprudente que Vizcarra terminara de develar esta secuencia: si ignoran a los ministros, va Salvador y si a él lo chotean, voy yo. Más aun, me parece terrible que siquiera la piense. El presidente no debe caer en la trampa de los ministros débiles y alimentar un caudillismo sin convicción. Ah, porque cuando las papas queman, que es un día y el otro también, se le ve atribulado ante los sectores alzados que le reclaman el diálogo de tú a tú, o ante los gremios empresariales que le reclaman tomar una decisión –como dar la licencia a Tía María– a sabiendas de que las réplicas serán furiosas.

Sigamos sincerándonos. El de Vizcarra es un medio gobierno al que no se le puede reclamar demasiado, pero sí, al menos, exigir que fortalezca a su equipo y las instituciones para que encaren la obra colectiva de sacar al país adelante. La lógica del caudillismo y de sus juegos perversos no está en su biografía política, no es lo que reclaman las circunstancias.

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