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Cuidado con lo que deseas, por Mario Ghibellini

Julio Guzmán sueña de nuevo con la extinción de los dinosaurios

Cuidado con lo que deseas, por Mario Ghibellini

Cuidado con lo que deseas, por Mario Ghibellini

Entusiasmado aparentemente por la confluencia de la llegada del Año Nuevo y la conmoción que el ‘affaire’ Lava Jato está produciendo en la clase política local, Julio Guzmán expresó esta semana sus deseos para el futuro en voz alta. En un video divulgado a través de las redes, el ex candidato presidencial de Todos por el Perú vaticinó que “el caso Odebrecht será el meteorito que marcará el inicio de la extinción de los dinosaurios”. Y por si alguien no hubiese entendido las temeridades vanguardistas de su metáfora, aclaró que se refería a “los políticos de siempre, sin visión de país”. Es decir, confirmó que en realidad no estaba hablando de nada nuevo.

La ecuación de Barney

Durante la campaña de la que tan fugazmente participó, Guzmán repartió, en efecto, la calificación de ‘dinosaurio’ con generosidad entre los otros candidatos. La estrenó con Toledo, al que dijo haber “tumbado” cuando consiguió sacarle una modesta ventaja en las encuestas, pero continuó usándola luego para sugerir que todos sus contendores eran exponentes de esa política prehistórica en la que se antepone la apetencia del poder a cualquier principio moral o ideológico, se ofrece lo que se sabe irrealizable y se culpa al prójimo de los propios despropósitos para salvar cara frente al electorado.

Pronto, sin embargo, se hizo evidente que él no podía hacerle ascos a la categoría, pues en menos de 24 horas, por ejemplo, pasó de decir que en un gobierno suyo no implementaría la ley de consulta previa a proclamarse partidario de ella (y en el camino intentó responsabilizar de su contradicción a los periodistas que le habían preguntado originalmente sobre el asunto, alegando que “parecían ametralladoras” y que no le habían dejado “espacio para responder”). O desautorizó las consideraciones de Gonzalo Aguirre –fundador y postulante al Congreso del partido que lo había acogido en su fórmula presidencial- sobre la legislación laboral y el sueldo mínimo. O, tras declarar que estaba convencido de que el proyecto minero Tía María podía “beneficiar tanto a las comunidades como a la empresa privada”, terminó apocándose ante los gritos de unos vecinos de Islay y anunciando entre parpadeos: “Si el pueblo dice que no… ¡no va!”.

Resultó claro, pues, en poco tiempo, que estábamos ante un dinosaurio más… solo que candelejón y morado. Como Barney.

Y es irónicamente ese mismo Barney el que ahora cree haber distinguido una estrella fugaz en medio de la noche de su recobrado anonimato político y le ha confiado un deseo: que extinga a los dinosaurios. Después de todo, las estrellas fugaces son, como se sabe, en realidad meteoritos; y fue uno de ellos, macizo y gigantesco, el que provocó efectivamente la desaparición de los grandes reptiles del Cretásico hace 65 millones de años.

La ironía, por supuesto, radica en el elemento que Guzmán no ha incluido en su ecuación. A saber, que más allá de colorinches gansos y brincos desangelados, él también ostenta una cubierta escamada y una dentadura inquietante. Y adicionalmente, en el hecho de que, a pesar de haber vivido tanto tiempo en Estados Unidos, parezca ignorar ese dicho anglosajón que recomienda: ten cuidado con lo que deseas; no vaya a ser que lo obtengas.    

Esta columna fue publicada el 7 de enero del 2017 en la revista Somos. 

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