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¡Dónde están esas palmas!, por Mario Ghibellini

“Aporrear al enemigo no siempre reporta popularidad y Keiko comienza a intuirlo”.

Mario Ghibellini 23 de junio (Somos).

“Como los reciarios del catchascán saben, aporrear al enemigo no siempre reporta popularidad y se diría que la señora Fujimori ha empezado a intuirlo”. (Ilustración: Mónica González).

Ilustración: Mónica González.

Por modosa, la reacción de Keiko Fujimori al amotinamiento del presidente Vizcarra contra la ley que prohíbe la publicidad del Estado en medios privados resulta sintomática. Si la semana pasada afirmábamos aquí que al referirse a esa iniciativa con la expresión “ley mordaza” el mandatario finalmente les había sacado las garras a quienes empujaron su aprobación en el Congreso, ahora, a raíz de la acción de inconstitucionalidad que ha presentado contra ella, tendríamos que decir que prácticamente ha emitido un rugido. Un tanto afónico quizás, pero rugido al fin y al cabo.

Y ante ello, Keiko solo ha deslizado: “El presidente Vizcarra, yo creo, que está siendo mal aconsejado”.

—Enemigos imaginarios—
Su réplica anuncia varias cosas. Primero, que ha acusado recibo del desafío del jefe de Estado. Segundo, que no piensa quedarse de brazos cruzados. Pero tercero, y más importante, que su represalia va a ser elíptica. Porque, como se sabe, los ‘consejeros’ o ‘asesores’ de un presidente son en esencia una construcción de sus opositores. Una especie de enemigos imaginarios inventados por ellos para golpearlos cuando no desean atacar de forma directa al evidente responsable de aquello que los incordia.

La pregunta, entonces, es por qué la reina y señora de la oposición criolla, que desde que la derrota se convirtió en su divisa no se ha caracterizado por endulzar sus iras, habría decidido esta vez moderarse.

Y aunque la respuesta tiene que ser especulativa, no parece muy arriesgado atribuir su contención a una brusca consciencia del daño que sus desbordes vengativos les están ocasionando a sus expectativas para el 2021.

La líder de Fuerza Popular, en efecto, en poco tiempo ha arrastrado a Kuczynski a la renuncia, ha digitado la suspensión de su hermano y algunos de los otros apóstatas del fujimorismo del Congreso y ha hecho aprobar lo que, por confesión de Galarreta, no es otra cosa que una ‘vendetta’ contra los medios que, en su lectura minuciosamente exonerada de autocrítica del proceso del 2016, le sustrajeron el triunfo de las manos. Se ha alzado, en buena cuenta, victoriosa sobre la imagen doblegada de sus adversarios –reales o alucinados – y, sin embargo, ha descubierto que las tribunas no la aplauden (en la última encuesta de Ipsos, su desaprobación llega al 75%).

Como los reciarios del catchascán saben, aporrear al enemigo no siempre reporta popularidad y se diría que la señora Fujimori ha empezado a intuirlo. Así, su dilema ahora es cómo fustigar al repentinamente insumiso del presidente para volver a domeñarlo sin lucir ‘bulera’ en el camino. El recurso de los ‘malos consejeros’ ha sido evidentemente un primer intento, pero parece que infructuoso. Y son de imaginar las dudas y angustias que han de existir en Fuerza Popular sobre qué tan contundente o atenuada debe ser la próxima carga sobre el Gobierno.

Si no fuera por la posibilidad de que una alusión mitológica les resulte ofensiva, cabría decirles que se encuentran entre Escila y Caribdis. Pero en realidad se puede pensar en una forma más didáctica de describirles el aprieto en el que están atrapados.

La cosa es así: si se les pasa la mano con Vizcarra, podrían terminar convirtiendo a Mercedes Araoz en la primera presidenta de la historia del Perú. Y ahí sí que la furia de la ‘señito’ no conocería límites. A ver cómo se salen de esa ensaimada.

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