La legión extranjera, por Mario Ghibellini
La legión extranjera, por Mario Ghibellini
Mario Ghibellini

Periodista

Los franceses suelen tener ideas ingeniosas. En la primera mitad del siglo XIX, por ejemplo, crearon una unidad militar integrada por gente de otros países para que combatiera por ellos en los confines de su imperio colonial. La llamaron ‘legión extranjera’ y parte de su éxito radicó en que no eran demasiado puntillosos con los antecedentes de quienes querían enrolarse en ella. Bastaba que estuvieran dispuestos a empuñar una bayoneta y cargar contra el enemigo de turno para que los recibieran con los brazos abiertos. Y como eso dio pie a que la fuerza se llenara de prófugos de la justicia, aventureros y desesperados, la literatura y luego el cine –sobre todo el de comedia- la cogieron frecuentemente de ambiente para las más descabelladas historias. No es de extrañar, por eso, que también algunos conglomerados políticos peruanos parezcan haberla tomado de modelo para organizarse.

Función continuada

¿Cuántas veces, en efecto, hemos visto a candidatos a la presidencia que, en los meses previos a las elecciones, acogen en su naciente alianza o partido a personajes de procedencia insólita -cuando no abiertamente deplorable-, cuya única característica en común es una mal disimulada apetencia por el poder? En el ímprobo afán de montar un elenco popular, además, la convocatoria no desdeña ni a la vieja gloria deportiva, ni a la estrella de televisión. Y si nos descuidamos, tampoco al hombre de goma, la mujer barbuda o el caballo que resuelve problemas aritméticos.

Sobre lo pernicioso que resulta esto para el sistema político que habitamos, nos puede ilustrar el festival de deserciones, cambalaches y arrejuntamientos que han protagonizado en estos cuatro años los integrantes de muchas de las bancadas presentes en el actual Congreso. Pero en realidad, lo mismo cabría decir de la representación nacional que antecedió a esta. Y de la que antecedió a aquella. Y así hasta el infinito, como en una función continuada de entremeses de indescifrable gracia.

El probado desatino de esa fórmula, sin embargo, no ha impedido que esta vez se la ensaye de nuevo. Desde hace algo más de una semana, por ejemplo, , el líder y presunto candidato presidencial de Peruanos Por el Kambio (de pasaporte), ha empezado a presentar los ‘jales’ con los que piensa armar su equipo de campaña y, en más de un caso, ha sorprendido al respetable.

Se ha sumado a sus filas, por supuesto, gente sin mayor conflicto con su proyecto político, como el ex ministro de Vivienda del toledismo, Rudecindo Vega. Pero también personas como el congresista , que, con prescindencia de las valerosas iniciativas que ha impulsado como legislador, en la campaña del 2011 dijo de PPK que era “mentiroso” y que la doble nacionalidad que ostentaba –y todavía ostenta- constituía “un obstáculo de orden ético y práctico” para sus aspiraciones presidenciales. Una adhesión, pues, que no parece dictada precisamente por la coherencia.

Si de reclutamientos peregrinos se trata, no obstante, probablemente ninguno compita con el de , como vocero del candidato y eventual integrante de su lista parlamentaria.

Guerreros en receso

Convertido hace unos años en personaje mediático a raíz de una desgracia familiar, Castillo Rojo confundió la solidaridad del prójimo con intención de voto y se lanzó a una carrera política que pronto chocó, literalmente, con varios inconvenientes (alguno de ellos registrado en un sazonado video en la puerta de una comisaría, que circula profusamente en las redes). Y ahora, después de un frustrado intento de ganar la presidencia regional del Callao con los colores de Acción Popular, ha aterrizado en la milicia ‘pepekuna’.

¿Nota usted ya las semejanzas con la legión extranjera? Si no fuera así, tenga paciencia: esto recién empieza y en “Esto es guerra” hay varios que se han quedado sin chamba.

(Publicado en la revista Somos el sábado 22 de agosto del 2015)