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Ética y tacto, por Mario Ghibellini

La frontera entre lo debido y lo indebido en materia de tocamientos es visible, aun detrás de unas gafas densamente oscuras como las del congresista Mamani.

Mario Ghibellini 1 de diciembre

“¿Dejará Fuerza Popular caer la noche sobre su opinable héroe de otras jornadas o intentará una de esas operaciones de salvataje que tan mal le salen?”. (Ilustración: Mónica González).

Ilustración: Mónica González.

Los tocamientos son, qué duda cabe, una consecuencia de la superpoblación. Con tanto individuo circulando por el estrecho espacio que ofrece hoy nuestro planeta, el contacto con el prójimo deviene inevitable. Eso, sin embargo, no quiere decir que debamos asumir todas sus manifestaciones como una mera contingencia de la condición humana y encogernos de hombros ante la eventual protesta de quien ha sido objeto de una particular forma de ellos.

A propósito de la reciente denuncia de una tripulante de Latam sobre supuestas palpaciones impropias de parte del congresista Moisés Mamani, por ejemplo, la caracterizada vocera del fujimorismo Martha Chávez ha preguntado retóricamente: “¿Tocamientos en un lugar abarrotado de gente y donde quienes están en los asientos del pasillo son usualmente tocados y golpeados por quienes transitan por ellos?”. Un aparente intento de restarle gravedad al episodio.

La verdad, no obstante, es que en esta vida hay tocamientos y tocamientos, y que clasificarlos no resulta ocioso, porque puede ayudar a definir la reacción que correspondería adoptar en cada caso. Conviene distinguir, en ese sentido, entre los contactos casuales y los voluntarios, así como entre los afectuosos y los agresivos; y desde luego, entre los debidos y los indebidos. No es lo mismo, pues, un roce distraído que un enérgico aferramiento, ni una palmadita amigable que un humillante soplamocos. Y mucho menos, una caricia solicitada que un pellizcón alevoso y supurante de lujuria unilateral.

Aturdidas entre tales opciones, como se sabe, distintas comisiones del Congreso deberán revisar en los próximos días o semanas el enojoso affaire en el que se encuentra envuelto el legislador Mamani, por lo que es propósito de esta pequeña columna echarles aquí una, digamos, manito al respecto.

—Bajón de ‘gluteosa’—

Los hechos son bastante conocidos y no invitan, en realidad, a demasiada controversia. El 14 de noviembre, durante los momentos previos al despegue de un vuelo de Juliaca a Lima, el parlamentario de Fuerza Popular que nos ocupa fue a acomodar su equipaje a cierta distancia de donde debía sentarse. Al volver a su sitio, pasó cerca de donde la tripulante que se declara agraviada conversaba con otros pasajeros y, al decir de esta, la “tocó con su mano firme desde la cintura del lado derecho pasando por los glúteos hasta abajo”. “Señor, qué le pasa”, afirma haberle reclamado ella, para luego refugiarse en la cabina del piloto en estado de ‘shock’.

Mamani fue conminado entonces a bajar del avión; según algunos testimonios, pasado de copas. Pero, para lo que importa en esta historia, ese detalle no cambia nada.

El congresista ha dado, por supuesto, una versión un tanto distinta de lo ocurrido –que además ha ido cambiando con el tiempo, porque pasó de “no la toqué y no la he tocado” a “he podido rozar, pero no tocar morbosamente”– y una interpretación conspirativa de la acusación que pesa sobre él. “Yo destapé la corrupción y revelé una compra de votos. Entonces, esto es un complot político”, ha clamado.

De las especies desenfundadas por él en su descargo, sin embargo, ninguna tan peregrina como la que pretende atribuir todo el incidente a una descompensación derivada de su diabetes. ¿Qué podría tener que ver una crisis de esa naturaleza con el impulso de hacerle unos pases mañucos a la aeromoza? ¿Nos va a contar acaso que se le bajó la ‘gluteosa’?

Otra de sus líneas de defensa ha consistido en sembrar dudas acerca de la reacción inicial de la presunta víctima. “[Ella] no me ha gritado. Me dijo ‘señor’, yo le dije ‘perdón’ y nada más”, ha sostenido. Para luego añadir: “En ese momento ella debía reclamarme; no me reclamó”. Por poco no propone la tesis de que fue un caso de consentimiento entre adultos…

Pero tampoco ese argumento lo ayuda, pues, incluso dentro de la lógica de su relato, si a la expresión “señor” él respondió pidiendo perdón, fue porque se percató de que aquello era una protesta ante una acción incorrecta de su parte. La verdad es que la frontera entre lo debido y lo indebido en materia de tocamientos es visible, aun detrás de unas gafas tan densamente oscuras como las suyas.

Para desdicha del legislador Mamani, además, existen testigos del episodio cuyo testimonio difícilmente logre ser desbaratado con el alegato de que “posiblemente hayan trabajado para el gobierno de PPK”, ensayado por él cuando recién se supo de la disposición de algunos de ellos a declarar.

La pregunta que surge ahora, entonces, es qué va a hacer el Congreso con toda esta información incriminadora. O, para ser más claros, qué va a hacer el fujimorismo, porque, con la mayoría que todavía ostenta en la representación nacional, será esa fuerza política la que determine en realidad la suerte del inquieto parlamentario.

—¡Cuerpo a tierra!—

¿Dejará Fuerza Popular caer la noche sobre su opinable héroe de otras jornadas o intentará una de esas operaciones de salvataje que tan mal le salen? Pues si algo de sensatez les queda, tendrán que permitir que Mamani sufra las consecuencias de su paradójica falta de tacto.

Aún en ese caso, no obstante, no será suficiente que consientan que la Comisión de Ética lo suspenda por un plazo de 120 días, mientras postergan la decisión de si se le levanta la inmunidad parlamentaria para cuando el cometa Halley pase en año bisiesto (es cierto que el pedido de la fiscalía sobre el particular tiene que ser aprobado antes por el Poder Judicial, pero todo indica que eso podría ocurrir en el curso de la próxima semana). Las respuestas de la mayoría naranja sobre ese asunto y sobre las acusaciones constitucionales que el congresista en cuestión tiene también pendientes en la subcomisión respectiva deben ser sencillamente terminantes y expeditivas.

Por lo pronto, en cualquier caso, es un dato esperanzador que lo hayan separado temporalmente de la bancada. Pero ahora falta que lo separen del resto de la sociedad civil, porque en una de esas se descompensa de nuevo.

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