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¡Me lo como!, por Mario Ghibellini

Los sapos no parecen resultarle a PPK todo lo indigestos que dice.

Mario Ghibellini 24 de febrero (Somos).

(Ilustración: Mónica González).

Ilustración: Mónica González.

El presidente Kuczynski salió hace pocos días a enfrentar a quienes, según él, lo quieren hacer renunciar por haberle concedido el indulto a Alberto Fujimori. Existe, dijo, una presión ‘paroxísmica’ al respecto. Pero, con cargo a que nos explique pronto el sentido de ese neologismo y bajo la leve impresión de que en realidad las razones por las que está al borde de la remoción son otras, queremos aquí destacar ciertas inconsistencias de la argumentación que ensayó.

En apretada síntesis, lo que el mandatario sostuvo es que el indulto fue una medida anunciada, motivada médicamente y, aunque tan difícil de tragar para él como un sapo, necesaria. Por ello, anunció, se dispone a defenderse ‘panza arriba’ de quienes lo quieren sacar de la presidencia con ese pretexto. Pero como decíamos, su tesis presenta algunas dificultades.

Morro solar

En primer lugar, para pretender que todo el mundo estaba sobre aviso del indulto y quejarse de los que ahora reclaman diciendo ‘nadie nos dijo’ o ‘no sabíamos’ hay que tener morro. Por si no fueran suficientes declaraciones suyas como “yo no lo voy a indultar, así de claro lo digo” (27 de julio del 2016), o “yo sigo la ley y no estoy evaluando nada por el estilo” (11 de mayo del 2017); o los testimonios no desmentidos de varios periodistas y de su abogado Alberto Borea sobre conversaciones en los días previos al primer intento de vacarlo en las que él negó explícitamente que tuviera intenciones de concederle gracia alguna a Fujimori, ahí están las renuncias de tres de sus ministros y de tres parlamentarios a la bancada oficialista para demostrar que la decisión cogió por sorpresa hasta a personas muy cercanas a él.

En segundo lugar, si el indulto obedeció a razones médicas y humanitarias, ¿cómo así había que otorgarlo –según mencionó también en su inspirada perorata– para que en el Perú pudiésemos “vivir en paz y armonía”? ¿No corresponde esa descripción de objetivos más bien a los que perseguiría un indulto netamente político?

“Para hacer eso hay que tragarse unos sapos”, aseveró además. Y añadió: “Yo me tragué el sapo. Ninguno de mis antecesores lo quiso hacer. Yo me lo tragué sabiendo que no es agradable”. Pero la verdad es que no hubo en ello nada de heroico. Pues, ¿por qué tendrían sus antecesores que haber indultado a Fujimori? Hacerlo devino necesario para él (y para nadie más que él) a fin de evitar el trance de vacancia en el que lo metieron sus propias mentiras a propósito de sus pasados vínculos con Odebrecht.

De indigesto, por otra parte, el sapo no parece haber tenido mucho, porque el presidente lo devoró con baile y apetito. Y luego, por lo demás, ha seguido devorando los renacuajos derivados de aquel –las renuncias en su entorno, la obscena promoción de Kenji y sus ‘avengers’ en sus viajes para inauguraciones varias en provincias, la grosera demagogia de anunciar de pronto una posible elevación de la remuneración mínima vital, etc.– con igual desparpajo y hasta darse una panzada. Tanto que, si efectivamente termina teniendo que defenderse ‘panza arriba’ como ha prometido, ya sabemos cuál será el contenido que la hará prominente.

Esta columna fue publicada el 24 de febrero del 2018 en la edición impresa de la revista Somos.

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