Presidente de mentiritas, por Mario Ghibellini
Presidente de mentiritas, por Mario Ghibellini
Mario Ghibellini

Periodista

La política peruana está llena de enigmas. ¿Por qué hay personas que se disputan la candidatura presidencial del ? ¿Está Alan abatido por su mala performance en las encuestas o porque, como acaba de revelar, no es tío de nadie? ¿Celebra Halloween o el día de la canción criolla? Pero, sobre todo, ¿por qué miente de oficio ?

Nobel con curri

No queremos sonar exagerados. El líder de no constituye un caso completamente insólito. En realidad, todos hemos tenido un compañero de colegio como él. Un fulano que llegaba cada día al salón con un cuento distinto sobre los eventos fabulosos que adornaban su vida -la chica más guapa de la promoción lo había llamado para declararle secretamente su amor, un canal de televisión lo había convocado para aparecer en el programa de moda pero sus padres no lo dejaban, un tío se había sacado la lotería y lo iba a llevar de viaje por el mundo, etc.-, y la reacción que provocaba en nosotros oscilaba entre la irritación y la risa.

La pregunta, sin embargo, es cuántos de ellos se convirtieron luego en políticos. Muy pocos, seguramente. Y no porque el oficio de aspirante al poder esté reñido con el embeleco, sino porque hasta las majaderías que puede decir un candidato en campaña sobre su historia personal o las maravillas de su pasado o futuro gobierno tienen un límite. Y Toledo los ha rebasado todos.

Ahora último nos ha querido contar que le iban a dar un premio Nobel en la India y que inició durante su mandato una escuela de gastronomía que en verdad surgió cuando él había dejado ya Palacio y estaba dedicado más bien a los bienes raíces, pero su catalogo de cancamusas es vasto y aparatoso. Incluye de hecho momentos estelares como las fabulaciones dramáticas sobre la muerte de algún pariente cercano o los delirios sobre indemnizaciones por el Holocausto que acabaron complicándole la existencia a una pobre anciana que pensaba que ya la parte atribulada de su biografía había pasado.

Casi sin excepción, además, sus mentiras han tenido piernas, ya no digamos cortas, sino atrofiadas, pues no habían siquiera empezado a correr cuando alguien las ponía en evidencia. Y sus intentos de salvar cara con supuestas explicaciones que empezaban invariablemente con el giro “vayamos por partes” solo han conseguido depararle sendas vergüenzas por entregas.

¿Se puede hacer carrera política así? Pues el sentido común sugiere que no; máxime si el cargo al que se apunta es el de presidente. Pero ahí está Toledo, aparentemente empecinado en demostrar que también en ese terreno él es “un error de la estadística”.

On vordad, on vordad os digo

Existe, sin embargo, otra posibilidad. Y esta es que sus afanes por convertirse en Jefe de Estado sean un tango más. ¿No es acaso perfectamente imaginable que una persona con su perfil vaya por calles y plazas diciendo que va a ser presidente? ¿No abona esa lectura de las cosas la circunstancia de que sostenga permanentemente que hay una “triología del mal” (sic) que se lo quiere impedir, o que anuncie una nueva Marcha de los Cuatro Suyos si la Fiscalía no establece un plazo para pronunciarse sobre sus problemas?

A nosotros nos parece que hay base para la esperanza.