Fernando Alayo Orbegozo

Periodista de la sección Nacional

fernando.alayo@comercio.com.pe

Víctimas de las FARC, de los paramilitares o del narcotráfico, en los últimos años casi 6 millones de colombianos han sido desplazados por la violencia. Más de 300 llegaron al Perú para solicitar asilo. Tres de ellos narran cómo se vive un proceso de paz a la distancia.

Fabián Ramírez, 26 años.
Natural de Armenia (Quindío). Desplazado por las FARC

Desde que llegó a Lima en diciembre del 2010, Fabián ha sobrevivido con cualquier oficio: mesero, ayudante de cocina y cobrador de combi de la ruta Javier Prado-Ventanilla. Sin embargo, nunca ha logrado conseguir un trabajo similar al que tenía en Quindío y para el cual estudió: periodista deportivo. “Yo relataba los partidos de fútbol para RCN Radio en Armenia. Lamentablemente, durante una transmisión [en julio del 2010], las FARC perpetraron un atentado en un pueblo cercano y tuvimos que detener el relato. A un compañero se le ocurrió decir al aire que la policía debía acabar con la guerrilla. Esa fue mi condena”, dice. Días después, las FARC empezaron a extorsionarlo: tenía que pagar 140 mil pesos (US$50) mensuales por su vida. Cansado de las amenazas, Fabián decidió venir a Lima. Consiguió un cuarto en Surquillo y solicitó asilo a la cancillería. Le concedieron la residencia como refugiado, pero eso no mejoró su situación económica. “Aquí conocí a mi actual pareja, con quien tengo dos niños. Uno de ellos tiene un mal congénito y el dinero no me alcanza para curarlo. Nadie me da trabajo”, cuenta. Fabián quiere regresar a Colombia y rehacer su vida allá. Cree que con la victoria del No en el reciente plebiscito –convocado para ratificar el acuerdo de paz firmado entre el mandatario Juan Manuel Santos y las FARC– podrá tener un mejor futuro. “Aunque nunca he votado, yo sigo al ex presidente Álvaro Uribe [quien hizo campaña por el No]. Solo él pondrá mano dura para que los desplazados podamos regresar. Las FARC no van a tener más derechos que nosotros, las víctimas”, concluye.

Christian Torres, 53 años
Natural de Líbano (Tolima). Víctima de los paramilitares

Su único pecado –dice– fue poseer una pequeña finca cafetera en la localidad de Líbano, al centro de Colombia. Christian recuerda que, entre el 2002 y el 2005, los paramilitares de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC) empezaron a extorsionarlo con cuotas mensuales de hasta US$50. Él había heredado la propiedad de su padre, por lo que decidió no pagarles. Un amigo le advirtió que su vida corría peligro por ese motivo y durante años vivió bajo amenaza. En el 2010, decidió salir de Colombia hacia Quito (Ecuador), donde se refugió inicialmente. El 7 de octubre del 2014 llegó a Lima. “Soy artista plástico de profesión, me dediqué siempre a la serigrafía y además he asesorado a diferentes empresarios. He dictado cátedra en varias ciudades de Colombia”, dice. La cancillería le otorgó el asilo y la residencia en el 2015. Su meta es armar una pequeña empresa; en tanto hoy labora en el taller de confecciones de un ex alumno suyo en Santiago de Surco. Cuenta –con lágrimas en los ojos– que las penurias económicas lo abruman, aunque no piensa regresar a Tolima en el corto plazo. “Sé que las cosas están cambiando y confío en que el presidente Santos luchará por un acuerdo con la guerrilla, pero por ahora me es muy difícil volver a un país que le dijo No a la paz”, señala.

Christian dejó su finca en Tolima tras ser amenazado por grupos paramilitares. (Rolly Reyna / El Comercio)

María Victoria, 31 años
Natural de Cali. Víctima del narcotráfico y de las FARC

Se enteró de que su esposo tenía una doble vida cuando lo asesinaron de dos balazos a quemarropa. María Victoria creía –hasta el 27 de febrero del 2009– que su familia era perfecta: los dos vivían en un apartamento modesto en Cali y poseían un pequeño terreno agrícola donde cultivaban arroz. En ese entonces, ella tenía ocho meses de gestación. El mismo día que mataron a su pareja, dio a luz al hijo de ambos. “Rompí fuente en la morgue, junto al cadáver de mi marido. Tras alumbrar a mi bebe, aún en el hospital, la policía me dijo que estaba casada con el segundo al mando de un cártel de narcotraficantes afincados en el Valle del Cauca, quienes tenían tratos con las FARC. Él guardaba millones de pesos por sus negocios ilícitos en una cuenta bancaria aparte. Nunca me percaté”, dice. Entonces, la mafia empezó a amenazarla solicitándole que entregara todo el dinero. Ella no tenía acceso a esas cuentas. A las pocas semanas, asesinaron a su cuñado. Soportó así las extorsiones por teléfono, las cartas debajo de la puerta. En el 2014, decidió viajar al Perú. Arribó a Ecuador y cruzó la frontera en Tumbes de manera ilegal. Al llegar a Lima, solicitó refugio y se lo concedieron. Hoy se dedica a preparar banquetes a pedido, a través de su propia empresa. Sin embargo, aún no olvida lo vivido. “Cuando alguien se me acerca mucho aquí en Lima, corro. Cuando escucho una motocicleta, me escondo. Aún vivo con miedo, desconfío”, explica. Mientras conversa, observa atónita la pantalla de su teléfono: se acaba de enterar de que Juan Manuel Santos ha sido galardonado con el Premio Nobel de la Paz. “No creo en los acuerdos con las FARC. Si regreso a Colombia, ¿cómo podré convivir con ellos?”, finaliza.

La asociación tiene un programa de asistencia jurídica y protección a migrantes en situación de vulnerabilidad y refugiados.

Cuando María Victoria vivía en Cali, dio a luz el mismo día que asesinaron a su esposo. (Fernando Alayo / El Comercio)

CIFRAS
113.605 colombianos han solicitado refugio en diversos países a raíz de la violencia interna, según la ONU. Ecuador admitió al 47% de ellos.

308 asilados procedentes de Colombia alberga el Perú desde el 2012, según la Agencia de la ONU para los Refugiados (Acnur).

PROCESO LEGAL
Ante la cancillería
El ciudadano extranjero debe acudir a la cancillería y solicitar refugio con un documento de identidad de su país de origen. Allí se le brinda un carnet de permanencia por 60 días.

Respuesta formal
Luego de una entrevista personal, un comité especial evalúa el caso y determina si concede la condición de refugiado para dar la residencia.

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