Redacción EC

Sara cursaba el tercer año de secundaria cuando el Gobierno inició la renovación de su colegio. Era mayo del 2012. Ella y el resto de los alumnos del centro educativo Inca Garcilaso de la Vega, en , esperaban que la obra concluyera en menos de un año, tal como prometió el .

“Cuando se inició la obra, estudiamos en otros colegios. El año pasado protestamos para que nos regresaran aquí, aunque fuera en aulas prefabricadas, pero las condiciones en que estudiamos no son las adecuadas”, dice ahora que ya cursa el quinto año de secundaria y es fiscal escolar.

Los 210 escolares de primaria y secundaria de este colegio estudian desde mayo del 2013 en lo que antes era su losa deportiva, en siete aulas de triplay con techos de eternit, sin puertas ni ventanas, y cuatro baños químicos. Recién este año con el dinero de mantenimiento del los baños se conectaron al desagüe, se pudo pintar las precarias aulas, comprar una cisterna de agua y colocar un portón de triplay.

El director Alfredo Lozano recuerda que su colegio debió estar listo en marzo del 2013, pero ya han pasado dos años desde que se iniciaron los trabajos y el avance de la construcción es apenas del 18%. “Es una pena ver que el gobierno regional no ha hecho nada por solucionar este problema”, cuenta.

Otro colegio es el Augusto Salazar Bondy, en Nuevo Chimbote, que alberga a 2.400 alumnos, quienes estudian en aulas inconclusas y sin un adecuado mobiliario. La reconstrucción se inició en junio del 2012 y debió terminar 10 meses después, pero tras varias paralizaciones desde noviembre pasado hasta el vigilante abandonó la obra.

En el mismo patio donde un día Álvarez prometía un gran colegio hoy el director Justiniano Ramos muestra los montículos de arena y ripio, fierros oxidados y basura que dejó la empresa.