Redacción EC

Hace 48 años, el 31 de mayo de 1970, un terremoto de 7,9 grados en la escala de Richter devastó provincias del norte del Perú. Se trató de uno de los movimientos sísmicos más atroces del siglo XX que soportó nuestro país.

En 45 segundos, poblaciones de Áncash y el norte de la región Lima perecieron a las 3:23 p.m., hora en que se registró el terremoto. Yungay, en Áncash, fue una de las zonas más afectadas. Ahí, diez minutos después del terremoto, un aluvión enterró en segundos las localidades de Yungay y Ranrahirca, pero también destruyó casi completamente Caraz y Carhuaz, en el Callejón de Huaylas. 

En Yungay solo quedaron en pie cuatro de las 36 palmeras de la plaza principal. 

Otras zonas de Áncash también fueron seriamente dañadas, como el sur de Chimbote, en los alrededores del cerro San Pedro. Cientos de cuerpos eran dispuestos en los jardines de la ciudad.

En Casma y Huarmey el temor y la desolación luego del terremoto era similar. Construcciones como iglesias, municipios y escuelas se cayeron. Miles de personas quedaron a la intemperie por miedo a que un nuevo sismo vuelva a ocurrir.

Huaraz estuvo incomunicada y el entonces alcalde, José Sotelo, indicaba que el 95% de las casas habían sido afectadas. Se calcula que hubo, en total, 75 mil muertos y 150 mil heridos, así como 600 mil damnificados sin hogar. Hubo más de 100 mil viviendas destruidas solo en el Callejón de Huaylas.

En esta galería presentamos la magnitud del desastre que dejó el terremoto del Callejón de Huaylas y cómo lucen hoy, 48 años después, estos lugares que vieron de cerca la destrucción.

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