Región en emergencia: Áncash sufre una prolongada crisis
Región en emergencia: Áncash sufre una prolongada crisis

El 10 de abril del 2014, dos periodistas de El Comercio se reunieron con el entonces gobernador regional de , , en su oficina de Huaraz. Aquel día, con la mano alzada como si fuera un juicio, Álvarez juró que no había mandado asesinar al ex consejero Ezequiel Nolasco, su más terco opositor, muerto a balazos un mes antes. Terminó la entrevista y los reporteros abandonaron el despacho. A la media hora, Álvarez los llamó por teléfono: le habían notificado una citación fiscal. Oficialmente iba a ser investigado por el crimen.  

Esa misma tarde, los periodistas buscaron a la hija de Nolasco, Fiorela. Afuera de su vivienda, en un asentamiento humano de Nuevo Chimbote, había seis policías armados y muy alertas. Lo primero que dijo Fiorela fue que le dolía la espalda por tener que usar todo el día un chaleco antibalas, a veces incluso dentro de su casa. Recibía amenazas todo el tiempo. 

Esos eran los días más críticos de la violencia política y social desatada en la región Áncash, aunque el origen de la ola de crímenes y sicariato se remonta a mediados del 2010.

Pero el Ejecutivo no decretó estado de emergencia. El presidente Humala hizo el anuncio mucho después, recién en la Navidad del 2015. 

Pocas semanas antes, en noviembre, la hija de Álvarez, Jhoselyn, denunció que ella y sus hermanos eran víctimas de seguimientos; en los días previos, Fiorela Nolasco dijo que había vuelto a recibir amenazas de muerte y que la voz de una niña le dijo por teléfono: “Aló, aló, te vamos a matar”.

Desde aquellos días más crudos, Áncash no ha cambiado mucho. Aquí el clima de violencia política es parte del paisaje.

Dos formas de violencia

El 14 de diciembre (10 días antes de que decreten estado de emergencia), agentes del Grupo de Inteligencia Operativa de la policía allanaron una casa del asentamiento humano 3 de Octubre, en Nuevo Chimbote. Esperaban encontrar –previo trabajo de inteligencia con personal infiltrado– droga, dinero y cuarto armas. Detuvieron a cuatro personas y, aunque no encontraron las armas, hallaron varios chips de celulares y un cuaderno con números anotados. Además de vender droga a pequeña escala y de operar como delincuentes comunes, ahora habían ampliado el ‘negocio’ y también extorsionaban. Esta es la otra cara de la violencia que habita esta región: bandas que fortalecen su campo de acción y que llegan, invariablemente, al sicariato como la actividad más rentable. 


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