A solas con don Manuel Zevallos Vera
A solas con don Manuel Zevallos Vera
Redacción EC

JORGE MALPARTIDA TABUCHI

A 22  días de cumplir 95 años, el filósofo Manuel Zevallos Vera está muy lejos de retirarse de su labor intelectual. Para junio prepara la publicación del quinto tomo de “Las lecciones de Don Manuel”, en donde recopila sus ensayos pedagógicos y humanísticos. También en las próximas semanas se editará el libro de memorias “Desde la soledad sonora de mi vida”, en donde Zevallos Vera  relata sus vivencias como catedrático y sus viajes alrededor del mundo. 

— ¿Cómo se mantiene activo un intelectual que está cerca de cumplir los 95 años?
Trato de que mi cerebro esté siempre en actividad. Mi mente nunca está ociosa, la mantengo produciendo regularmente. La mente maneja el cuerpo, es la torre de control del organismo. Cuando la mente está en actividad no hay tiempo de envejecer. 

—¿De qué forma continúa produciendo su mente? 
Tengo una permanente preocupación por escribir. Ya sean artículos para periódicos y revistas o escribiendo nuevos libros, constantemente asimilo y entrego cultura. Soy un libre pensador, siempre tengo críticas y aportes desde mi perspectiva filosófica. Esa labor no permite que mi mente se detenga. Si ya no produjera, mi cuerpo decaería. 

—¿Luego de más de 20 libros publicados, considera que aún le quedan temas por investigar?
Tengo mucho material que ya está escrito y que solo falta difundirlo para que la comunidad filosófica y científica lo aprecie. Por ejemplo, mi teoría del átomo histórico, mediante la cual propongo que, debido a la convulsionada época en la que vivimos, cada vez más el tiempo y el espacio se nos acortan para conseguir nuestros objetivos. 

—¿Siente que el tiempo se le está acabando?
El paso del tiempo es angustioso, los ideales no se cumplen y nunca se han cumplido. Ahora, más que nunca, hay tal cantidad de acontecimientos que el tiempo no alcanza para todo lo que nos falta por hacer. Esta teoría la difundí por primera vez en 1984, pero cada día que pasa me convenzo más de su validez. 

—También se está dedicando a ordenar su biblioteca. ¿Cómo empezó su contacto con los libros?
Empecé a escribir desde que ingresé a estudiar en la Universidad Nacional de San Agustín.  Mi vocación por la escritura me llevó a colaborar con revistas de todo tipo e hizo que comenzara a acumular libros a lo largo de los años. 

— Sus colaboraciones en medios escritos han sido constantes en el tiempo. ¿Qué le motivaba a expresarse?
En los artículos expreso conceptos que capto en el ambiente. A lo largo de los años he estado abocado a interpretar la problemática permanente de la humanidad. Hay temas que nunca pasan de moda, conceptos que se mantienen y a los cuales puedo aportar puntos críticos. 

— ¿Quienes le han inspirado en su labor filosófica?
Tengo como inspiración a los maestros de la filosofía universal. Autores griegos y asiáticos que han creado escuelas de pensamiento universales. Me considero un afortunado porque en otras épocas solo algunos privilegiados tenían la oportunidad de acceder a un libro de estos maestros. Ahora los tenemos a la mano, facilitando en gran medida nuestra labor académica. 

— Hay filósofos que lideran y otros que siguen, ¿usted en que grupo se incluye?
Los filósofos abren caminos. Hay que entender el pensamiento de los autores clásicos, no negarlo sino enriquecerlo, modificarlo y criticarlo. Nuestra tarea como filósofos es proponer, por eso mis alumnos reconocen que el estudio de la filosofía les ayuda a enriquecer sus vidas profesionales. 

— ¿Cómo califica sus intentos fallidos por alcanzar un cargo político?
Perdí al postular al senado, a un escaño de diputado y a la alcaldía de Arequipa. Pero, a pesar de las derrotas, reflexiono lo siguiente: he demostrado que soy un mal candidato y no sé llegar a las masas porque no sé mentir. Hablo con franqueza y quizás la gente cree más en aquellos que tienen una gran capacidad para propagar candidaturas sin respaldo moral. 

— La hípica es otra de sus pasiones. ¿Cómo se aficionó a los caballos? 
En mi familia hay una tradición hípica. Un hermano de mi madre me llevaba desde niño a las carreras en el hipódromo de Porongoche. Me encantaba el espectáculo, ver la belleza del caballo que avanza hacia la meta a ritmo acompasado. 

— ¿Ha logrado las metas que se había trazado para su vida?
Me faltan muchas cosas por cumplir porque nunca uno llega a cumplir sus ideales. Por más productivo que sea como intelectual, pienso que un hombre nunca llega al momento de entregar su alma a los dioses diciendo: tarea cumplida. En los temas familiares quizás sí sea posible, pero con respecto a las metas del pensamiento jamás los ideales se cumplen en su integridad. El idealismo no es algo superficial, creo que se cumple la condición platónica de que nunca podemos acceder ni poseer lo deseado.