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"La caja negra regional", por José Carlos Requena

El interés por lo que ocurre fuera de Lima aún no se manifiesta como un pilar de la acción política del próximo gobierno

La caja negra regional, por José Carlos Requena

La caja negra regional, por José Carlos Requena

Los últimos días han tenido en primer plano al Congreso, con los esfuerzos de Fernando Zavala por dialogar con las seis bancadas. El último viernes, además, se ha podido ver en acción a varios de los nuevos rostros que poblarán el nuevo hemiciclo.

Pero mientras el Parlamento acapara titulares y esfuerzos, el peso de las regiones parece seguir siendo ignorado por el Ejecutivo entrante. Más allá de viajes puntuales que aseguran cobertura y rebote, el interés por lo que ocurre fuera de Lima aún no se manifiesta como un pilar de la acción política del próximo gobierno. Ello podría ser un error.

Primero, porque una revisión de los últimos resultados electorales muestra la clamorosa debilidad del Ejecutivo entrante en las regiones. En primera vuelta (el termómetro real), Pedro Pablo Kuczynski solo ganó en tres provincias, lo que se tradujo en una representación parlamentaria mayoritariamente capitalina (10 de los 18 en Lima, y uno en el Callao). Además, la única alianza formal forjada para la segunda vuelta (con Alianza para el Progreso) le habría asegurado algún control territorial al menos en el norte. Pero se ha decidido prescindir de ella.

En segundo término, es en las regiones donde se presentan los principales conflictos sociales (212, según reportes elaborados mensualmente por la Defensoría del Pueblo) y es donde se carece de presencia estatal. En las regiones con la mayor cantidad de conflictos sociales (Áncash, Puno y Apurímac), el partido del próximo gobierno carece de representación parlamentaria y sus operadores políticos en la última elección han sido líderes circunstanciales sin mayor arraigo o legitimidad.

Finalmente, el primer desafío político como garante del sistema democrático y como líder de un partido que procura trascender serán las elecciones municipales y regionales de octubre del 2018. En el primer rol, le toca asegurar que los comicios se desarrollen garantizando la neutralidad del aparato estatal; en el segundo, permitirá conocer si su bisoña agrupación tiene la fuerza para tentar con seriedad alguna plaza importante.

Aunque se suele hacer mucho hincapié en el rol que tendrá un Congreso adverso, es poco probable que los principales desafíos del Gobierno provengan de este. Más allá de golpes rimbombantes, las fuerzas políticas representadas en el Parlamento tienen pocos estímulos serios por obstruir realmente al Ejecutivo.

Lo que pueda ocurrir en las regiones, en cambio, es hasta hoy una caja negra por la que el gobierno entrante parece no interesarse –más allá de los viajes iniciales–, como tampoco lo ha sido tener entre sus ministros u operadores entrantes los varios rostros que se requieren para poder afrontar lo que se viene. Y, lamentablemente, hay pocos visos de que eso cambie. 

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