El biólogo y director Ejecutivo de Control y Vigilancia de la Dirección General de Salud Ambiental e Inocuidad Alimentaria (DIGESA) del Ministerio de Salud, Elmer Quichiz explicó que no existe ningún riesgo de contagio para la población si algún fallecido a causa del COVID-19 es enterrado en un cementerio.
El biólogo y director Ejecutivo de Control y Vigilancia de la Dirección General de Salud Ambiental e Inocuidad Alimentaria (DIGESA) del Ministerio de Salud, Elmer Quichiz explicó que no existe ningún riesgo de contagio para la población si algún fallecido a causa del COVID-19 es enterrado en un cementerio.

El biólogo y director Ejecutivo de Control y Vigilancia de la Dirección General de Salud Ambiental e Inocuidad Alimentaria () del , explicó que no existe ningún riesgo de contagio para la población si alguna persona fallecida a causa del es enterrada en un cementerio.

“Desde el momento en que el personal coloca a la persona fallecida en un ataúd no hay ningún riesgo de contagio para las personas que viven en esa jurisdicción. Tampoco hay ningún motivo para cerrar los cementerios. Hay que dejar que esa persona pueda descansar en paz”, dijo el funcionario esta tarde en una teleconferencia ofrecida para periodistas por la Organización Panamericana de la Salud (OPS) y el Minsa.

Quichiz quien expuso sobre el protocolo para levantamiento de cadáveres por el COVID-19, explicó que de acuerdo a la Directiva Sanitaria Nº087-2020 que establece el manejo de cadáveres por COVID-19, una vez que una persona fallece por el virus es envuelta en una sábana y colocada en una bolsa hermética con cierre. Tras ello, la bolsa es rociada con hipoclorito sódico, sustancia que elimina el riesgo de contagio externo.

El especialista explicó que si bien en el caso de los hospitales el protocolo de acción está regulado, se han extremado las medidas de limpieza y los cuidados al momento de entregar los cuerpos.

En caso que algún paciente fallezca en casa o en la vía pública, Quichiz refirió que será el equipo humanitario de recojo de cadáveres (integrado por un médico, un responsable de salud ambiental, personal de apoyo para ayudar a colocar el cuerpo en la bolsa y el chofer de la unidad) el que se hará cargo de la situación.

“Una vez que la persona fallece, el familiar no debe tocarlo. Hay que mantener la distancia de los dos metros y retirarse del lugar o habitación para informar a las autoridades a través de la línea 105 en Lima o las líneas que hayan habilitado las autoridades en las regiones”, explicó el funcionario.

Quichiz detalló que ante el reporte de una muerte en casa o en la vía pública, la Policía Nacional evalúa si existe algún indicio de criminalidad. De ser el caso, se notificará al Ministerio Público. En el escenario que no exista indicio de criminalidad, será convocada la autoridad sanitaria. En el caso de las regiones, explicó, la responsabilidad recae en las direcciones o gerencias regionales de Salud.

El biólogo detalló que en caso el fallecido sea cremado esto debe ocurrir en un plazo máximo de 24 horas desde el momento en que se certifica la muerta para evitar el riesgo de diseminación. Los crematorios deben contar con todas las autorizaciones y acreditaciones de ley.

En la situación que no exista crematorio en el lugar del fallecimiento, la directiva sanitaria establece que se realizará la inhumación del cadáver en sepultura o en nicho dentro de las 24 horas del fallecimiento. El cadáver, detalla la norma, será aislado previamente en la bolsa hermética sellada y esta bolsa pulverizada con una solución deh hipoclorito de sodio.

“Cuando dejamos de existir todas nuestras células dejan de funcionar. Por lo tanto, el agente infeccioso también está confinado. Mientras nadie abra el ataúd o manipule el cadáverno hay ningún problema ni posibilidad de contagio. El temor que existe en cierto sector de la población se debe a que no se comunica adecuadamente que el agente infeccioso ya fue controlado", detalló Quichiz.

Finalmente, el biólogo añadió, que los pacientes que fallecen por COVID-19 son víctimas de un virus al igual que alguien que ha muere por tuberculosis o VIH y no por eso, ninguna de estas personas están excluidas del derecho a un entierro digno.

La semana pasada, el ministro de Salud, Víctor Zamora anunció la creación de un comando humanitario de levantamiento de cadáveres por el COVID-19. El cual, dijo, responde a la necesidad de manejar los cadáveres con mucha dignidad y respeto.


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