“La cultura no muere, se transforma”

“Los Apus son amos y señores en sus dominios, no solo de las cosas y animales, sino también de los hombres”.

Así inicia el tercer capítulo del libro “Apus de los cuatro Suyus: Construcción del mundo en los ciclos mitológicos de las deidades de montaña” (, – 2014), escrito por el antropólogo Rodolfo Sánchez Garrafa.

El autor, distinguido como ‘Amauta del Perú eterno’, ha dedicado más de la mitad de su vida a investigar el pensamiento andino, las tradiciones orales y el simbolismo que encierran diversos elementos propios de nuestra cultura.

La presente publicación agrupa correctamente una serie de relatos y creencias atribuidas a cuatro Apus: Awsanqate (Quispicanchis, Cusco – Qollasuyo), Sawasira y Pitusiray (Calca,Cusco – Antisuyo), Mallmanya (Antabamba y Grau Apurímac – Kuntisuyo) y Yanawanga (San Miguel, Cajamarca – Chinchaysuyo).

Conversamos aquí sobre el libro y en general en torno a diversos aspectos de la cultura que hoy muchos consideran pensar están disueltos o por lo menos ocultos por la indiferencia.

-¿Le queda aún mucho por conocer sobre la relación del hombre andino prehispánico con el cosmos?

Nunca podríamos decir que ya llegamos a una comprensión total o absoluta. Creo que el aporte de este libro va en el sentido de que son pocos los trabajos que tratan de proporcionar una visión general, comprensiva y globalizante de cómo piensan los andinos. ¿Será que piensan diferente a los hombres de otras culturas? Porque, en principio, las estructuras psicológicas son iguales en todos los hombres, a pesar de la raza, etnia o tiempo. No obstante, culturalmente, nuestro cerebro llega a configurarse de una determinada manera y acepta información de cierta manera y la procesa de una manera especial.

-Contrariamente a lo que algunas piensan, el desarrollo de la cultura en América no es algo muy reciente.

Es cierto. En América el desarrollo cultural data de una larga profundidad en el tiempo. Significa que hubo un largo período para que las ideas en el continente vayan fluyendo y se desplacen junto con los hombres. Sabemos que desde el paleolítico, los seres humanos que ingresaron por Bering, por la Antártida, o por la ruta que sea, nunca permanecieron estables. El hombre viajó no solo pertrechado de su rudimentaria tecnología, sino básicamente equipado de sus ideas. Y esas ideas, en distintas lenguas, en diferentes momentos y lugares, fueron fluyendo.

-Siempre para satisfacer la primera necesidad: la alimentación.

Claro, pero también el abrigo. Por ejemplo, acá está el guanaco, una cosa muy importante en tiempos arcaicos y épocas tempranas. Eso nos hace entender cómo ha sido la migración. Pero más adelante viene el desarrollo de lo que conocemos como los grandes horizontes culturales. Son estos los que permitieron, a través de una lengua franca y otros mecanismos, sentar las bases de una unidad cultural dentro de las diferencias. Por eso es que en el antiguo Tahuantinsuyo, a pesar de que había una variedad de pueblos, se podían entender. A pesar de las lenguas diversas. El concepto de divinidad era lo mismo. Los principios de creación de la humanidad y de la relación del hombre con el mundo sobre natural eran similares. Había inteligencia y podía haber intercambio. Lo otro son circunstancias completamente humanas de orden político o administrativo.

-¿Por qué eligió específicamente estos cuatro Apus para el presente libro?

Utilicé un sistema que es el de muestreo por criterio. ¿Qué quiero tener yo como representativo? Primero, cuatro grandes montañas, Apus, que se correspondan con las cuatro regiones del mundo andino: los cuatro suyus. Eso fue lo primero. Lo segundo: ¿qué tanta información se puede disponer sobre estos lugares? Y tercero, que el autor pueda acceder a los mismos. En los andes hay una cantidad de lugares, cada uno más atrayente y retador que el otro. Existen divinidades imponentes pero, o están en las estribaciones de la Amazonía, o están muy lejos, en lugares difíciles. El hecho de que yo sea un hombre de la sierra hizo que viva una buena parte de mi vida en zonas como Cusco, Apurímac o Puno. Por eso yo estaba familiarizado con muchos de estos lugares y tenía cierta base.

-¿Se puede decir que la invasión española echó a perder mucho de nuestra memoria colectiva sobre estas deidades?

Es evidente que sí porque sabemos que hubo un proceso de destrucción de ídolos, la persecución de las idolatrías. Y si bien esto no borró todo, logró que mucho esto se encubra, se frasee o quede subyacente bajo otras formas. Entonces, lo que permite reconocer el modelo es que si en un primer momento se generó una cultura básica compartida, esta configuración fue afectada con la invasión española y hemos vivido más de 500 años de alteración. No obstante, pese a las modificaciones ocurridas, las relaciones sustantivas no se han modificado de manera radical. Debajo de nuevos significantes pueden encontrarse antiguos significados que se vuelven a manifestar nuevamente.

-Hablemos de la globalización y todo lo que ello implica. Muchos chicos que nacen en los andes hoy buscan irse rápidamente a la ciudad o inclusive salir del país. ¿Con qué velocidad se está perdiendo tradiciones y costumbres antiguas?

Hay una relación más o menos proporcional entre aquello que se modifica y aquello que se restituye. La cultura, dicho de una manera doméstica, vendría a ser como el maletín que tiene alguien que realiza alguna actividad. En él hay herramientas para resolver problemas que se presentan en el camino. Entonces, el hombre que sale de determinada comunidad, aldea o medio, lleva ese maletín. Sin éste sería nada. Todo su aprendizaje va a ser posible a partir de ello. Claro, lo que ocurre es que a partir de esto hay una transculturación o una de-culturación. Cada vez hay un menor uso de las herramientas propias y una propensión a utilizar otras que, el medio de las exige, o quizás la modernidad o la propaganda. Hay otro tipo de motivaciones.

-¿Las comunidades se limitan a un territorio?

Hay un concepto denominado ‘la desterritorialización de la comunidad’. O sea, la comunidad subsiste. Hay gente que puede estar en Nueva York pero sigue siendo parte de una comunidad (peruana) afectivamente. Y regresa una vez al año a su fiesta patronal. Claro, hasta que un día corta completamente el vínculo. En general hay esa tendencia humana a mantener el vínculo con algún lugar porque es parte de nuestra identidad. ¿Por qué hay tantos miles de peruanos en el extranjero que quieren seguir votando y tener representatividad? Porque se siguen sintiendo parte de este país. Quizás inclusive antes de irse no eran tan conscientes de su peruanidad. Creo que la cultura no muere, se transforma. Y hay que esperar eso. Además, lo andino del siglo XVI no es lo andino del siglo XXI ni va a ser lo andino del siglo XXX.  Pero seguirá siendo andino.

-¿Deben los relatos míticos considerarse parte de nuestra historia?

Las sociedades contemporáneas elaboran también sus mitos. ‘El mito del progreso’, por ejemplo. El mito de ‘Superman’ o del ‘Súper hombre’. Siguen apareciendo mitos para explicar cosas. No obstante, en este caso nos estamos refiriendo a mitos que conectan el presente con el pasado para poder mirar mejor el futuro. Entonces, a eso le llamamos mitos que vinculan al hombre con las eras primordiales. Uno es capaz de pensar y por dicha capacidad se pregunta cómo era todo esto antes de que existieran los hombres, cuando la tierra recién apareció. El poder de la mente es tal que llega a darnos la posibilidad de ofrecer respuestas, como las dan los científicos hoy a su manera.

-Nos damos cuenta de que nuestra ‘maquinaria’ humana es maravillosa.

Y es capaz de generar conocimiento que constituye capital que debería ser tomada en cuenta como un gran recurso para la planificación del desarrollo de un Estado y para la construcción de una sociedad. Tendemos a pensar que capital es dinero o en el mejor de los casos, trabajo. Pero, ¿y qué hay de lo que se ha acumulado en miles de años? Es un capital impresionante. Hoy en día el hombre va buscando respuestas a todo y cuanto más se ha hecho posible una interacción en tiempo real y una presencia del hombre en todo el orbe, entonces la cultura tiene un valor muy precioso. Hay gente que viene al Perú a conocer Machu Picchu y hay otros que simplemente vienen simplemente a conocer cómo piensa la gente que vive por allí.

-¿Tradición y modernidad son cosas contrarias?

No. Para desarrollarnos no tendría que haber contradicción entre tradición y modernidad. Por ejemplo, los pueblos asiáticos han demostrado que son capaces de dar un salto a la modernidad sin dejar de ser lo que son. El chino sigue siendo chino pero está con lo último de la tecnología. Lo mismo pasa con los japoneses. ¿Por qué tendríamos los andinos que negarnos y negar esta gran riqueza que es nuestra cultura? Todo este material simbólico con el que tenemos grandes aportes que hacer en varios campos.