Los docentes y esposos cusqueños que velan por brindar educación de calidad a niños con habilidades diferentes (Juan Sequeiros)
Los docentes y esposos cusqueños que velan por brindar educación de calidad a niños con habilidades diferentes (Juan Sequeiros)

Para Silvia y Helmer ser los segundos padres de miles de niños que atraviesan las aulas es una labor que conlleva un peso enorme, aún más cuando se trata de educar a niños con discapacidad, quienes tienen el derecho de recibir buena enseñanza y son ellos los encargados de llevarlos por el camino del aprendizaje.

Se trata de Silvia Yancapallo y Helmer Del Pozo, esposos, docentes y compañeros de trabajo, quienes se especializaron en educación especial y pasan sus días ayudando a niños y niñas de Cusco, que por diversos motivos no pueden asistir a clases de manera regular, pero que han hallado en ellos una luz de esperanza y optimismo.

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Los cusqueños se conocieron hace quince años, cuando emprendieron juntos la aventura de ser docentes hospitalarios, en un proyecto de Fundación Telefónica ubicado en la Clínica San Juan de Dios.

Helmer cuenta que cuando inició el proyecto de su aula hospitalaria no estaba adaptada para las necesidades de los pequeños y tuvieron que hacer muchos cambios, a fin de recrear un ambiente confortable y seguro para los menores.

“Tuvimos que hacer bastantes cambios y nosotros mismos mejorar como profesionales. Hasta la fecha nos capacitamos constantemente, nuestros estudiantes lo valen y ver cómo aprenden y crecen como personas poquito a poco vale cada segundo de esfuerzo”, señala.

‘ANGELITO'

A la profesora Silvia le saltan las lágrimas cuando recuerda a Angelito, uno de sus estudiantes más pequeños y a la vez más valientes. Angelito ingresó al aula hospitalaria a sus cuatro años de edad, él nació sin brazos ni piernas, pero sus padres querían que reciba educación como cualquier otro menor.

Al principio fue muy difícil, pero gracias al empeño de los esposos y a una prótesis que Helmer confeccionó, Angelito se vio en la capacidad de asistir a clases y hasta manipular una computadora especial.

“Un día él estaba atendiendo a clases usando su prótesis, cuando vemos que al final del salón la mamá de Angelito lloraba, nos acercamos a ella y nos contó que era por la emoción de ver a su pequeño como nunca antes, contento y aprendiendo, ese día terminamos llorando todos afuera de clases, fue hermoso”, recuerda la maestra.

Como Angelito, la pareja de docentes, ha tenido muchos casos, la mayoría de éxito, recuerdan que la discapacidad de estos pequeños está más en su entorno que en ellos mismos y llaman a las autoridades a generar capacidades tanto en alumnos como en docentes a fin de aplanar el piso educacional para todos, sin discriminación ni ventajas para nadie.

CRUZADA POR LA INCLUSIÓN

Helmer ha tenido la oportunidad de capacitarse internacionalmente y haciendo una comparativa entre la educación especial nacional y la de afuera, menciona que todavía falta un largo tramo por recorrer.

Asegura que si bien la política educacional va por buen camino, falta que los profesores, padres de familia, educandos y la sociedad en general tomen conciencia del valor de la educación especial y que no la releguen como se ha estado dando hasta el momento.

El docente apuesta por la dualización de todas las actividades que se realizan a nivel nacional, vale decir, el acceso por igual a educación, trabajo, bienestar, incluso construcciones, tanto para las personas regulares como para las discapacidades.

“Debemos de dejar de pensar que les hacemos un favor a las personas discapacitadas, ellos tienen tanto derecho como cualquiera y es obligación del Estado edificar todos sus proyectos con miras al acceso de todos, por ejemplo, no se debería de construir un edificio, si es que las personas especiales no van a poder tener acceso hasta la última casa del último piso, eso es igualdad”, refiere.

Por su parte, la profesora Silvia llama a los profesores, directores y sus colegas en general a respetar el acceso a plazas educativas para niños con discapacidad, que por norma es de un 5% por aula, citando que no es un favor que se les hace a los escolares, sino un derecho que se debe aplicar.

“Siempre y cuando un menor sufra de discapacidad leve o moderada puede estudiar a la par con otros alumnos, claro, va a ser un reto para los maestros, pero la vida es así, la educación es así, y debe ser igual para todos, basta ya de discriminación, la discapacidad no es incapacidad”, finaliza.

Dejamos a los profesores alistando sus asignaturas y materiales para el aula hospitalaria y el Centro de Educación Básica Especial San Martín, donde también laboran, ellos tienen dos hijos en casa, pero aseguran tener miles que han pasado por sus aulas, esperan mejores políticas del Gobierno para la educación especial del país y sobre todo piden un cambio de inconsciente colectivo, para lograr una verdadera inclusión y equidad para todos los niños del Perú.

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