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Editorial: Frente a frente

La desunión en el Frente Amplio también se manifiesta en el campo ideológico.

Editorial: Frente a frente

Editorial: Frente a frente

En los casi nueve meses que lleva de instalado el actual Congreso de la República, han sido numerosos y variados los enfrentamientos entre los integrantes de la bancada parlamentaria del Frente Amplio.

La lucha por el liderazgo (o los mentados ‘liderazgos múltiples’) al interior de la coalición izquierdista, el pago de un estipendio a favor de Verónika Mendoza a ser descontado de los sueldos de los congresistas de la bancada, la no apertura del padrón de afiliados del Frente Amplio –cuya inscripción controla Tierra y Libertad–, la conformación y la presidencia de la comisión investigadora Lava Jato. Son solo algunos de los más notorios ejemplos de los campos temáticos de batalla entre dos bastante visibles facciones: la formada por Tierra y Libertad, liderada por Marco Arana, y la comandada por Verónika Mendoza, que aspira a obtener su propia inscripción partidaria bajo el nombre de Nuevo Perú.

Tan reiteradas han sido las pugnas que, a estas alturas, una nueva disputa en el bloque izquierdista sorprendería a pocos. Las que tuvieron lugar la semana pasada, no obstante, llamaron la atención, pues las razones subyacentes a ellas pusieron en duda la existencia siquiera de una coherencia ideológica que aglutine a los dos frentes.

La primera confrontación se produjo con ocasión de la iniciativa legislativa de la congresista Luciana León de declarar a los comandos Chavín de Huántar “héroes de la democracia”. La polémica surgió incluso antes de su discusión en el pleno, cuando al iniciar la semana, el parlamentario Justiniano Apaza –del bando ‘aranista’– no solo cuestionó la heroicidad de los comandos y la proporcionalidad de su intervención para liberar a los rehenes de la embajada de Japón, sino que adicionalmente reivindicó a los terroristas secuestradores al llamarlos “presos políticos”. A ello le siguió el video difundido por la cuenta de Twitter del Frente Amplio en el que, además de rechazar la propuesta de condecoración, incluyó una fotografía del entierro de la terrorista Edith Lagos a la par que transmitía un texto en el que se refería a los ciudadanos que el Frente Amplio consideraba “héroes de la democracia”.

A la indignación generalizada que motivaron estas declaraciones e imágenes se le sumó la protesta de la facción ‘mendocista’, la cual envió un comunicado al vocero parlamentario del Frente Amplio, Marco Arana, en el que reclamaban por no habérseles consultado el contenido ni la oportunidad de la difusión del video a todos los congresistas de la bancada, en especial “al bloque parlamentario Nuevo Perú”.

La réplica no se hizo esperar, y al día siguiente, Arana acusó a los legisladores integrantes de la facción Nuevo Perú de tener “una actitud infraterna y desleal”, no sin dejar de cuestionar la mera existencia de dicho bloque, pues, en sus palabras, “dicha agrupación no existe en el Congreso de la República ni en el marco de la legislación vigente sobre organizaciones y partidos políticos”.

Más importante que el cruce de palabras, sin embargo, fue la votación sobre el proyecto de ley. Mientras que la facción identificada como Nuevo Perú lo respaldó con siete votos, nueve parlamentarios del grupo afín a Arana se opusieron a la iniciativa, dejando abierta la interrogante sobre la cohesión ideológica de una bancada en la que no existe siquiera unidad de criterios respecto de un suceso histórico tan importante.

De hecho, aquella no fue la única votación disonante en el Frente Amplio. En la misma sesión del pleno, se votó una moción para condenar la ruptura del orden constitucional en Venezuela por parte del gobierno de Nicolás Maduro. El Frente Amplio fue la única bancada que no respaldó la moción (con excepción del congresista Richard Arce), con 12 votos en contra y cinco abstenciones.

La responsabilidad por estos conflictos, claro está, recae en los propios representantes y dirigentes de los frentes en pugna. Pues a juzgar por lo visto hasta ahora, parece ser que, más allá del discurso que predicaron ante sus electores, el único interés que los unió provisionalmente fue el de obtener aquello que no consiguieron en las urnas. 

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