Editorial: Voltear la página
Editorial: Voltear la página

La ceremonia de reconocimiento público a los comandos Chavín de Huántar celebrada en la Escuela Militar de Chorrillos ha dado pie a un nuevo intento del presidente Kuczynski de limar asperezas con el fujimorismo.

Como se sabe, la operación en que se rescató a los rehenes que el MRTA tenía secuestrados en la residencia del embajador del Japón se produjo 20 años atrás, durante el segundo gobierno del ingeniero Fujimori, y es casi unánimemente considerada uno de los activos más importantes en el balance de su paso por el poder. Y en el discurso que pronunció frente a un auditorio en el que se encontraba la lideresa de Fuerza Popular, Keiko Fujimori, el actual mandatario así lo hizo notar. 

“El gobierno para el cual trabajaron en ese momento se portó de manera eximia al organizar esta operación”, les dijo a los ex comandos allí presentes. Y un poco más adelante, añadió: “Quiero saludar también a la hija de don Alberto Fujimori, que está aquí con nosotros”.

La afirmación políticamente más relevante de su discurso, sin embargo, fue: “Tenemos que voltear la página”. Una obvia alusión a la necesidad de superar los resquemores que quedaron entre fujimorismo y ppkausismo tras los resultados de la segunda vuelta del año pasado a fin de sacar adelante un proyecto que privilegie el desarrollo del país. 

Tan obvia fue en efecto la alusión que horas después el ex presidente Fujimori escribió en su cuenta de Twitter: “El Presidente Kuczynski propuso hoy voltear la página. Tiene razón!! Los Peruanos debemos de construir una agenda común con apoyo de TODOS [sic]”.

La sintonía de los dos pronunciamientos suscita, por supuesto, alguna esperanza con respecto a la relación entre el gobierno y la principal fuerza de oposición en el futuro inmediato. Pero la verdad es que la historia reciente sugiere que aquello de ‘voltear la página’ resulta más fácil de decir que de cumplir para los directamente involucrados. 

De hecho, el 13 de diciembre pasado, en la víspera de la votación de la moción de censura al entonces ministro de Educación, Jaime Saavedra, en un mensaje a la nación, el jefe de Estado señaló: “Para nosotros, la campaña ya terminó hace siete meses; ahora tenemos la enorme responsabilidad de gobernar al Perú”… Y solo diez días después, con Saavedra ya censurado y frente a un grupo de partidarios, volvió a la carga: “No nos dejaremos pisar por una mayoría en el Congreso, que ganó la primera vuelta pero no la segunda, que es la que vale”.

Cabe recordar, además, que en el ínterin el presidente y la señora Fujimori se habían reunido en la casa del cardenal Cipriani para supuestamente distender la animosidad que había dejado la ya mencionada censura.

De más está decir que Fuerza Popular ha tenido y tiene también una fuerte dosis de responsabilidad en esta crispación. Para no retroceder demasiado en el tiempo en la búsqueda de ejemplos, pensemos nada más en las últimas acusaciones que el vocero de la bancada, Luis Galarreta, ha lanzado contra el presidente del Consejo de Ministros, Fernando Zavala. Llamar al primer ministro “una especie de Montesinito” y asegurar –sin pruebas– que “paga gente con plata de los peruanos para mover las redes” no es, efectivamente, la mejor receta para tender puentes con el Ejecutivo.

No llama la atención por ello que, tras conocer la exhortación presidencial a ‘pasar la página’, Galarreta haya optado por interpretarla primordialmente como una invocación a ya no “estar criticando a nuestros héroes [del comando Chavín de Huántar] y cuestionando lo que pasó”, al tiempo de considerar sus acusaciones a Zavala meras ‘críticas’, cuando es claro que la naturaleza de cada una de esas imputaciones es esencialmente distinta. 

Nada de esto, desde luego, condena a la invitación a sacar adelante una agenda común entre el gobierno y la primera mayoría parlamentaria al fracaso. Pero sí concede razones para, mientras se hace votos por su concreción, observar el proceso con cierto escepticismo.