En la localidad de Palmapampa (Vraem), la economía gira en torno a la hoja de coca. La política también. (Foto: Archivo El Comercio)
En la localidad de Palmapampa (Vraem), la economía gira en torno a la hoja de coca. La política también. (Foto: Archivo El Comercio)
Óscar Paz Campuzano

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No toda la que se cultiva en el país termina pisoteada en un pozo de maceración para ser transformada en cocaína.

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Es cierto que -según informó a El Comercio Rubén Vargas, presidente ejecutivo de Devida- el 90% de las 120 mil toneladas cultivadas al año se usa como insumo del narcotráfico, pero también es destacable que hay un 10% (11,712 toneladas) destinado al consumo tradicional (chacchar, curación de malestares, pago a la tierra, etc.) e industrial (harina, filtrantes, golosinas, etc.).

El Informe sobre la Demanda de Hoja de Coca para Fines Tradicionales e Industriales 2019, que acaba de publicar (Comisión para el Desarrollo y Vida sin Drogas), encuentra una serie de constataciones relacionadas al consumo legal de esta planta ancestral en el Perú con el fin de conocer más sobre su uso lícito.

Se encontró, por ejemplo, que en el país hay casi 6 millones de personas que consumen la hoja ya sea de forma tradicional o industrial. Esto es 29% más con relación al número de consumidores (5,1 mlls.) del 2013.

El consumo de hoja de coca ha sido mayoritariamente en la sierra (71,5%) y en áreas rurales (57,3%). Sin embargo, ya desde el 2003 se observa un incremento en las áreas urbanas, incluyendo a Lima Metropolitana. En las regiones de la costa, “desde el año 2003 al 2019 se ha incrementado de 415 Tm a 1,186 Tm”, precisa el informe de Devida.

Se observa, además, que en el área urbana la mayoría de consumidores de hoja de coca tiene instrucción secundaria (37,5%) y superior (37,5%). Estas cifras son distintas en el área rural: el 44,5% tiene estudios primarios y el 35,8% de secundaria.

El estudio también precisa que el 56% de consumidores de hoja de coca habla castellano, el 35,8% quechua y el 7,3% aimara. Como se observa en el siguiente gráfico del informe, hay un aumento entre los consumidores que hablan el castellano.

Rubén Vargas, presidente ejecutivo de Devida, explica que la posición del Gobierno es de “valoración, respeto y protección” del consumo tradicional e industrial de la hoja de coca.

No estamos de acuerdo con las postura de años anteriores de ‘coca cero’. No corresponde a nuestra realidad”, explica y agrega que esto no puede servir para justificar que un 90% de la producción cocalera vaya al negocio de la cocaína.

El estudio destaca en su presentación que Devida “es consciente de que, en su momento, recayó un estigma sobre los pequeños productores de la hoja de coca” y que en el marco de la lucha contra las drogas se trabaja “en un nuevo modelo de comercialización que asegure la formalización de los productores y el abastecimiento del mercado con hoja de coca natural y orgánica”.

-Un sistema precario de comercialización-

Otro hallazgo de este estudio, resalta Vargas, es la precariedad del sistema de comercialización de la hoja de coca destinada a fines industriales.

Se observa que, de las 11.712 toneladas de hoja de coca, la solo comercializa unas 1.500 toneladas, pese a que por ley es la única que puede comprar la producción . “Es una situación que se ha venido arrastrando por muchos años. Es un serio problema en la estructura empresarial”, explica Vargas.

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Los productores cocaleros empadronados deberían vender el 100% de su producción a Enaco. Sin embargo, la mayoría es desviada a los traficantes que la adquieren informalmente para comercializarla con fines lícitos especialmente en la sierra del país.

Según Pedro Yaranga, experto en temas de narcotráfico, el control del tráfico de coca que va al consumo legal es muy difícil. “De las provincias ayacuchanas de Huanta y Huamanga salen a la semana hacia la zona de Huancavelica 5 y 3 toneladas de hoja de coca de manera informal. Del Vraem sale la mayor cantidad”.

Devida y el nuevo directorio de Enaco están trabajando en una reestructuración empresarial, puesto que el gran problema es que los informales pagan más que Enaco por la arroba (11.5 kilos) de hoja de coca.

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Para Yaranga, otro problema del mercado lícito de la hoja de coca es que la mayoría de la producción no es apta para el consumo humano por el uso de hormonas, pesticidas, herbicidas y fungicidas. “Usan los agroquímicos más letales para incrementar las cosechas al año”.

Salvo en zonas cocaleras como Quillabamba (Cusco) o las zonas altas de los distritos de Anco y Chungui (Ayacucho) donde producen coca orgánica (3 cosechas al año), en otras zonas como Llochegua, Sivia, Palmapampa, San Francisco o Vizcatán del Ene (Vraem) sacan hasta cinco cosechas con ayuda de los agroquímicos.

-Hoja de coca ilegal-

El pasado 26 de setiembre, según informó Andina, el ministro del Interior, de las operaciones de erradicación del espacio cocalero ilegal en el Perú. Estas acciones habían quedado suspendidas desde mediados de marzo, con el estado de emergencia por el COVID-19.

Ese día, Gentille sostuvo una reunión con el alto mando de la Policía Nacional, representantes de la Comisión Nacional para el Desarrollo y Vida sin Drogas (Devida) y la Embajada Estados Unidos en el Perú.

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Tras el anuncio, el 2 de octubre, el titular del Interior constató las labores de erradicación en un sobrevuelo por distintas zonas cocaleras del distrito de Nueva Requena, en la provincia de Coronel Portillo (Ucayali). Además de verificar áreas con cultivos ilegales se observó varias pistas clandestinas usadas por el narcotráfico.

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