Las guarderías infantiles de los más necesitados en El Agustino
Las guarderías infantiles de los más necesitados en El Agustino
Luis García Bendezú

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lgarcia@comercio.com.pe

No hay épica en la pobreza limeña. En el , en El Agustino, por ejemplo, solo hay cuestas difíciles de escalar y calles minadas por heces de perro y 'ketes' de PBC vacíos. Desde lo alto, cada metro cuadrado de espacio parece haber sido ocupado por casas endebles. Esto ya no es un cerro. Hace más de cuarenta años hubo uno, hoy solo queda una ciudad vertical, gris, de más de 20 mil habitantes y 34 policías para esa población.

En medio de esta precariedad, de las peleas cotidianas, las mototaxis desbocadas y hombres consumidos por el alcohol, hay personas que buscan salir adelante. Mujeres como Jenny Palomino Romero quien cada día deja a su hija de casi dos años en uno de los cuatro albergues infantiles que administra la parroquia Santa Magdalena Sofía Barat en . De no ser por este servicio, que le cuesta S/3 al día, ella no podría trabajar con tranquilidad.

Jenny sabe, por ejemplo, que en el albergue Niña María su hija va a recibir desayuno y almuerzo adecuados. Lo primordial, para ella, es que su niña va a estar segura mientras ella trabaja de sol a sol. “[Los vecinos] te pasan la voz cuando tratan bien a los niños o los tienen bien limpios, son conocidos”, cuenta Jenny, quien es consciente de que los menores que crecen en el cerro San Pedro están expuestos a más peligros que el común de los niños.

¿Cómo es vivir en San Pedro? ¿Cómo se sostiene una familia con menos de S/328 al mes? Con mucho empeño y creatividad, cuenta Mishan Huamán Baldeón, una madre que vende cebiche de almejas por quince soles al día y debe mantener a más de tres personas en casa. Cada uno hace lo que puede, pero las cosas se complican cuando se tiene que viajar en bus más de tres horas al día para llegar a una fábrica textil en Ate, como le ocurría a varios entrevistados por El Comercio.

La vida no es fácil en San Pedro. Pero es más llevadera gracias a personas como el sacerdote Walter Arturo Alcos, quien lidera la parroquia Santa Magdalena Sofía Barat. Él lleva quince años trabajando en El Agustino y ha presenciado varias historias de solidaridad barrial y también lo peor de la violencia. ¿Cómo no desanimarse? El padre Alcos dice que lo importante es la formación de las nuevas generaciones. Eso lo motiva cada día a poner en marcha las cuatro guarderías y afrontar con buena cara la adversidad.

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