Hay más de 2.500 ancianos presos en las cárceles peruanas
Hay más de 2.500 ancianos presos en las cárceles peruanas

Teresa de Jesús Tello jamás pensó que estaría presa en una cárcel a los 82 años. Maestra jubilada, Tello fue detenida por la policía en el aeropuerto Jorge Chávez a fines del año pasado, cuando supuestamente trataba de abordar un vuelo a Madrid llevando consigo un pequeño maletín lleno de cocaína.

Pasó así a ser una de las aproximadamente 2.500 personas de 60 años o más que pueblan las prisiones peruanas. La mayoría cumplen condenas por tráfico de drogas. "Espero que se apiaden de esta pobre mujer que está viviendo sus últimos días", expresó Tello en el patio del pabellón de ancianas en la cárcel para mujeres de Chorrillos.

No tiene quejas de las autoridades del penal que, dice, le dan "comida decente". Pero sufre pensando en el tiempo que toman los procesos judiciales en Perú. "Avanzan a paso de tortuga", dice la mujer, que podría ser condenada hasta a seis años de cárcel.

Contó que ninguno de sus siete hijos fue a visitarla.

En el penal de Lurigancho, el obrero Roberto Osoria, de 78 años, ha cumplido cinco años de una condena a 18 por violación.

Osoria se negó a hablar del delito, pero se quejó de que tiene que dormir en el suelo y de la comida que le dan. "Me estoy quedando ciego", dijo llorando.

Las autoridades peruanas emiten perdones o conmutan sentencias solo en los casos en que un reo de más de 65 años padezca graves problemas de salud. La decisión la toma un juez.

Hay decenas de talleres en las 49 cárceles de Perú, que alojan a más de 71.000 reos. Pero los presos pasan el tiempo de distintas maneras.

Tello lee la Biblia y canta. Dice que eso lo ayuda a combatir la soledad. Osoria camina alrededor del penal y afirma que apenas sobrevive.