Las actividades escolares y de Semana Santa ponen en riesgo a grupos particularmente vulnerables al COVID-19. (GEC)
Las actividades escolares y de Semana Santa ponen en riesgo a grupos particularmente vulnerables al COVID-19. (GEC)
Pedro Ortiz Bisso

El coronavirus ha sido aprovechado por los adversarios del Gobierno para culparlo por los casos que se han confirmado en el país, como si los virus pudieran detenerse llenando de policías las fronteras. Olvidando, además, que una de las particularidades del COVID-19 es que puede ser asintomático, lo que lo hace invisible a cualquier control.

Esto no quiere decir que no se hayan cometido errores y que esta crisis sanitaria haya puesto sobre el tapete los profundos problemas de salubridad que existen, normalizados por la costumbre porque “el Perú es así, pe”.

Hay, sin embargo, algunas decisiones que el Gobierno debe tomar ante la rapidez con que el virus se propaga y las consecuencias que trae. Aunque la letalidad del coronavirus es menor a otras infecciones, tiene la particularidad de provocar severas sacudidas en los países a donde llega. La caída de las bolsas del último lunes, la cuarentena generalizada en Italia, el cierre de universidades y colegios en España, la suspensión de diversas actividades públicas alrededor del mundo no solo están generando cambios en las relaciones humanas (el apretón de manos y los saludos con besito están pasando al olvido), sino que van a provocar que las economías de muchos países se depriman, entre ellas la nuestro.

Los esfuerzos tienen que centrarse en la contención del virus. Para ello es indispensable continuar con las campañas del lavado de manos y evitar las concentraciones públicas. Postergar el inicio de las clases en los colegios públicos y suspender las de los privados es una decisión que debería tomarse en las próximas horas. Las posibilidades de que las instituciones educativas se conviertan en focos de contagio pueden ser devastadoras.

La iglesia debe hacer lo suyo y de motu proprio suspender las actividades por Semana Santa. Las misas y procesiones atraen a muchas personas de la tercera edad, las más vulnerables a caer en las garras del virus.

Los conciertos masivos programados para los próximos días deben ser postergados. Lo mismo debe ocurrir con los partidos de la Liga 1 o evaluar que se realicen a puertas cerradas.

Estas y otras medidas probablemente sean insuficientes para contener el avance del coronavirus, pero pueden ayudar a ralentizar la velocidad de su propagación. Los reclamos y las pérdidas económicas importan poco frente a la necesidad de cuidar la vida. Esta debe estar siempre por encima de todo.

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