Un latente conflicto social, por Raúl Castro
Un latente conflicto social, por Raúl Castro

Considero que se debe empezar por reconocer que los ciudadanos de tienen todo el derecho de manifestarse. Su asidero es la profesión de la fe en un país de mayoría católica y de iglesias evangélicas. No profesan un cristianismo contemplativo, sino uno activo y con interés legítimo de participar en las decisiones de la sociedad.

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Es un movimiento social con muchas raíces en la cultura cotidiana de las personas. Una reciente columna de Ricardo Hausmann en El Comercio da cuenta de que uno de los grandes fenómenos contemporáneos es la distancia que existe entre las élites y el ciudadano común. Las élites conforman grupos de interés sobre visiones del mundo que no dialogan necesariamente con aquellas que se manejan en la vida cotidiana.

Y en el Perú, la vida cotidiana se maneja bajo un cristianismo cultural. No todos son practicantes, pero los peruanos son culturalmente cristianos, en su mayoría. Lo que está sucediendo es que las élites (los distintos gobiernos a través de sus tecnocracias) no contemplan que, culturalmente, una buena cantidad de peruanos iba a mirar con distancia el en el .

Ahora bien, primero, es un grave error ridiculizar a sus miembros en función de una supuesta superioridad intelectual de los que no comparten sus opiniones. Segundo, esto no quiere decir que dentro de este movimiento ciudadano no haya posiciones y posiciones. Hay genuinos padres de familia preocupados por lo que reciben sus hijos en el colegio, y también quienes ven ‘lobbies’ internacionales que buscan imponer lo que denominan ideología de género por fines de lucro.

Pero es por ello que el Estado debe bajar al llano para conversar con las personas que creen que el currículo y su enfoque de género deben revisarse. Hay un conflicto social por delante, el cual requiere diálogo. Y la forma de resolverlo es mantener la transparencia y la discusión pública.

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