Liberación de Fujimori: jugada riesgosa, por F. Rospigliosi
Liberación de Fujimori: jugada riesgosa, por F. Rospigliosi
Fernando Rospigliosi

Analista político

El gobierno ha realizado una movida audaz al proponer liberar de la cárcel, de alguna manera todavía no definida, al ex presidente . Podría reportarle grandes beneficios pero también podría significar su ruina política.

Después de los arrumacos de la semana pasada, el lunes 24 el vocero de la bancada oficialista le puso la cereza a la torta proponiendo la “liberación” de Fujimori, un término ambiguo que podría interpretarse como indulto, prisión domiciliaria o alguna otra figura que se les pueda ocurrir. El presidente Pedro Pablo Kuczynski (PPK) alentó ese mismo día las expectativas añadiendo que, en efecto, ”, sin comprometerse pero abriendo la posibilidad a la liberación.

A partir de esa declaración se han producido infinidad de reacciones en todos los sectores. Lo más significativo, sin embargo, ha sido el impacto que ha tenido en el fujimorismo, donde se han traslucido de inmediato las diferencias que separan al sector keikista del albertista.

Precisamente el gobierno está jugando a eso, a profundizar la división entre ambos grupos para poder maniobrar con más comodidad en el Congreso y evitar la posibilidad de una vacancia presidencial. Y, a juzgar por las reacciones, ha tenido éxito.

El desconcierto ha cundido en el keikismo y han tratado de parar el golpe con contestaciones más o menos incoherentes. Como es obvio, no pueden decir “nos oponemos a la liberación de Fujimori”, pero tampoco han respondido como podría esperarse de un grupo político que existe gracias al preso de la Diroes y que unánimemente reivindica a su líder y su gobierno como el mejor del último siglo.

Es claro que no han recibido con entusiasmo las insinuaciones del Ejecutivo. El motivo podría ser el más evidente: Alberto Fujimori en libertad trataría de recobrar protagonismo político, socavando el liderazgo de Keiko y eventualmente anulándolo en beneficio de su engreído Kenji, notoriamente más cercano a él.

Aunque no llegara a ese extremo, Alberto en política nuevamente significaría, por lo menos, una merma del poder de Keiko en el fujimorismo. Por ejemplo, los antiguos fujimoristas, desplazados el 2015-2016, de inmediato pedirían la cabeza de Pier Figari y Ana Herz, inseparables de Keiko desde hace muchos años, a quienes responsabilizan de su apartamiento, poniendo a “la jefa” en un dilema casi sin solución. Por mencionar solo uno de los múltiples problemas que acarrearía el reingreso del ex presidente a la arena política.

Los keikistas pueden justificar su poco entusiasmo aduciendo que ya fueron engañados dos veces por Ollanta Humala, que también hizo creer que estaba dispuesto a excarcelar al reo y al final los dejó con los crespos hechos. 

En suma, por el momento la jugada del gobierno ha sido exitosa. Ha hecho recrudecer las tensiones en el fujimorismo, ha facilitado la aprobación de la ley de reconstrucción en el Congreso respaldada ostensiblemente por Kenji y los ha puesto a la defensiva.

No obstante, el desenlace es muy incierto todavía. Si PPK libera a Fujimori tendrá que asumir los reproches del antifujimorismo que es el que lo llevó a la presidencia. PPK no tiene una base social propia, salvo en el estrato A, y perdería su principal sustento, sin ganar otro, porque un sector de los fujimoristas le agradecería el gesto pero tampoco se convertirían en hinchas suyos.

PPK, por supuesto, podría obviar eso y concentrarse en las fuerzas políticas institucionales, es decir, los votos en el Congreso. Y allí todo indica que Keiko sigue controlando una muy amplia mayoría dentro de su bancada. El gobierno tendría entonces que confiar en la buena voluntad y las habilidades de Alberto en libertad, para lograr morigerar la agresividad de la oposición

Pero si la maniobra fracasa y, finalmente, Alberto no recobra la libertad, PPK tendría que enfrentar a un fujimorismo más enfurecido todavía, que ahora sí lo atacaría sin pausa ni contemplaciones.

Otra variante es que la prisión domiciliara no sea suficiente, como lo ha expresado Alejandro Aguinaga, usualmente un vocero autorizado de Alberto, con lo cual se tendría un resultado similar. 

En cualquier caso, los que en el gobierno han propiciado esta maniobra, pueden argüir que tienen muy pocas opciones para salir del entrampamiento y que esta jugada les abre una posibilidad. Es cierto. Pero la apuesta es de alto riesgo. 

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