Gladys Pereyra Colchado

Marcelina Rudas estaba harta de que le dijeran que no. Que no podía estudiar porque era madre, que si lo hacía en otro país así estuviera a unos metros de su casa no tendría validez y que su hija, criada sin padre, no podía llevar el apellido materno primero. “El hombre puede todo y la mujer no. Perdemos hasta la figura cuando tenemos hijos ¿por qué entonces no puede llevar primero mi apellido?”, dice. Tan harta estaba que, contra la corriente y un sistema registral que prioriza al padre aun cuando sea una figura ausente, decidió cambiarlo todo.

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