Hasta marzo se reportaron en Lima 171 mujeres desaparecidas
Hasta marzo se reportaron en Lima 171 mujeres desaparecidas
Jorge Malpartida Tabuchi

Coordinador de la Zona General de El Comercio

jorge.malpartida@comercio.com.pe

Aunque hace ocho meses no tienen noticias de su hija Solsiret Rodríguez, sus padres se niegan a hablar de ella en tiempo pasado. Pese a que su rostro apareció en noticieros y afiches de búsqueda, pese a que visitaron morgues y hospitales, en su corazón algo les dice que aún vive. Esa esperanza los motiva a mantener limpia y tendida la cama del cuarto donde dormía antes de mudarse con su pareja.

Según la denuncia policial, el 23 de agosto del 2016 Solsiret (24), una estudiante de Sociología en la Universidad Nacional Federico Villarreal, salió de su vivienda en el Callao, donde por 5 años vivió con Bryan Villanueva, su conviviente y padre de sus dos hijos. No se llevó ropa ni dinero. Esa noche, Bryan Villanueva llamó por teléfono a Rosario Áybar, la madre de Solsiret, y le dijo que su hija, sin motivo, abandonó el hogar.



A Rosario le pareció sospechosa la historia. Ese mes, su hija le contó lo motivada que estaba por culminar sus estudios al otro año. Sus padres aún guardan los sílabos de los cursos aprobados y los créditos que le faltaban para graduarse. “Ella no está loca para irse de un día para otro. Adora a sus hijos y nunca los dejaría”,dice. 

Carlos Rodríguez, padre de Solsiret, también tiene dudas sobre lo que les contó Bryan. Primero les dijo que no sabía nada, pero a la policía le declaró que Solsiret viajó fuera de Lima. También les dijo a los padres que días después de la desaparición, la joven le mandó un mensaje para citarlo en el mall Plaza Norte (Independencia), pero según el registro de geolocalización, el equipo de Solsiret nunca salió del Callao. “Creo que aquí se cometió un delito”, dice Carlos. 

La poca empatía que tuvo Bryan respecto a la desaparición les hace creer que hubo un episodio violento ese día. Estas sospechas no son una exageración. La adjunta para los derechos de la mujer de la Defensoría del Pueblo, Rosa Mavila, indica que en el Perú las desapariciones están vinculadas a la violencia de género. “La desaparición se utiliza con frecuencia para ocultar un delito, muchas veces un feminicidio”, indica Mavila.

En lo que va del 2017, según el portal Peruanos Desaparecidos –que recaba reportes oficiales de la policía, Inabif y Migraciones– se denunciaron 1.005 desapariciones en todo el país. El 55%, 552 casos, corresponde a mujeres. En Lima, de enero a marzo de este año, según la División de Investigación y Búsqueda de Personas Desaparecidas de la PNP, se recibieron 299 denuncias de personas desaparecidas (19 casos más que en el mismo período del año pasado), y el 57%, 171 casos, son mujeres.

En ese mismo período la policía resolvió 92 desapariciones de mujeres, que podrían incluir denuncias de años anteriores. Las denuncias declaradas resueltas se refieren a cuando la policía determina el paradero de estas personas (halladas con vida o no). 
Según la policía, cuando hay desapariciones, el grupo más vulnerable son los jóvenes, ya que pueden ser víctimas de escenarios violentos. Problemas sentimentales, violencia familiar y drogas son los motivos más frecuentes. Hay un promedio de 5% de denuncias no resueltas. La desaparición de Solsiret podría formar parte de este porcentaje, pero Mavila cree que aquí hay indicios de un feminicidio.

Carlos Rodríguez y su esposa Rosario Áybar aún tienen esperanzas de encontrar con vida a su hija Solsiret. Ella desapareció hace más de ocho meses en el Callao pero hay pocos avances en las pesquisas. (Hugo Pérez/El Comercio)

—Culpando a la víctima—
Cuando la madre de quiso denunciar la desaparición de su hija en una comisaría, los policías cuestionaron su historia. “Seguro se fue con el novio”, le dijeron. Cuando les contó que no volvió a casa luego de salir la noche anterior con tres amigos, otra vez los agentes le recriminaron: “¿Qué hacía una chica con tantos hombres?”.

El 23 de marzo, esta joven ingeniera se reunió con sus amigos para ver el partido entre Perú y Venezuela en un bar. Desde ese día no se tiene rastro de ella. 

La primera versión que le dieron los amigos a Norma Rivera, madre de Shirley, es que la embarcaron en un taxi luego del partido. Pero al día siguiente de la desaparición, le contaron que en la noche fueron a la playa Marbella a tomar licor. Luego Shirley se sumergió en el mar y una ola la arrastró. Esta versión, según la policía, es poco creíble, ya que los jóvenes no pidieron auxilio y ocultaron las prendas de la joven. Ahora los investigan por homicidio. 

Para Norma, no solo es doloroso que a su hija le hayan hecho daño personas de su entorno cercano, sino que durante estas semanas hayan calificado a Shirley como irresponsable por el solo hecho de salir de su casa. “Yo no veo nada malo en la conducta de mi hija porque ella confiaba en ellos. Eran sus mejores amigos”, dice.

La coordinadora del programa de derechos humanos del centro Flora Tristán, Ivonne Macassi, indica que existe una tendencia de acusar a la víctima de tener una conducta arriesgada. “Se la presenta como culpable de la situación. Incluso, de provocar el delito. Este prejuicio machista  entorpece las investigaciones”, dice.

Norma Rivera solo espera que los reparos que pusieron las autoridades al inicio no obstaculicen su búsqueda. Aún espera ver el rostro de su hija una vez más, antes de que el mar lo borre para siempre.

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