Pedro Ortiz Bisso

Se ha convertido en una maldita costumbre amanecer con una tragedia en alguna carretera del país. Ayer le tocó a Arequipa: el kilómetro 571 de la Panamericana Sur fue la tumba para al menos 16 personas, luego de que un ómnibus de Cruz del Sur chocara violentamente con tres minivanes, al parecer porque su chofer manejaba a excesiva velocidad.

La pregunta que surge es la misma de siempre: ¿por qué?

Cruz del Sur es una empresa formal, con años de experiencia, que daba la impresión de ser una de las más profesionales del rubro. Sin embargo, solo en abril del año pasado recibió 49 papeletas porque sus buses iban más allá de la velocidad permitida. Desde la empresa afirman que tomaron medidas para resolver este problema, lo que corrobora el ránking de infracciones que elabora la Sutrán. Pero ayer, según la misma Sutrán, el bus iba a 106 kilómetros por hora. ¿El chofer fue un irresponsable o, como ha declarado, fallaron los frenos?

El año pasado los accidentes en carreteras dejaron 717 muertos y 7.318 heridos. Cada día, en promedio, hubo 11 accidentes y 2 fallecidos.

En un reportaje publicado en este Diario el pasado diciembre, el director de la Policía de Carreteras, Jorge Castillo Peláez, señaló que 8 de cada 10 accidentes son ocasionados por la imprudencia de los choferes (manejan a velocidad excesiva o se quedan dormidos).

No son los únicos problemas: mal estado de las vías, poca fiscalización, informalidad, ausencia de grandes terminales terrestres y otros etcéteras conocidos.

Como en tantos otros problemas, el diagnóstico no es un misterio, tampoco qué se debe hacer. Pero no se toman decisiones. Mientras tanto, las carreteras se siguen llenando de sangre. Es una maldita costumbre.

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