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Las dificultades que afrontan las escuelas afectadas por El Niño

Las clases comenzarán este lunes varios campamentos donde viven los damnificados por El Niño costero. Los moradores exigen más profesores y mejoras en la infraestructura 

Como cada mañana, Jefferson, de 8 años, se ha levantado temprano para lavar los utensilios que usó su familia la noche anterior. Son las 7 a.m. en el campamento de damnificados de San Pablo, en Catacaos, y el niño mete a una batea cucharas, tenedores y platos. Su madre barre su cuarto, que es una carpa percudida de Defensa Civil donde hay ropa desperdigada, una cama y dos colchones. Allí duermen Jefferson, su hermana Karla y sus padres.

Es sábado, y el niño cumple los quehaceres del hogar como un soldado bien entrenado. “Toda la semana ha hecho lo mismo, aunque a veces se rebela y se va a jugar y ya no me ayuda”, dice su madre Vanesa Rivas Chero, dirigente de este campamento de damnificados de El Niño costero. No ha ido al colegio porque aquí –a diferencia de las otras 4 mil instituciones educativas de la región Piura– las clases no comenzaron el lunes 12 de marzo.

El problema, según explica su madre, es la falta de profesores en el colegio. Lo mismo dijo a El Comercio la directora regional de Educación, Carmen Sánchez, quien prometió que este lunes comenzarían las clases en este sector. La escuela en San Pablo es una suma de ocho aulas de triplay y calaminas, pisos de arena y ventanas de celosilla que el intenso sol ha destrozado.

Necesitan apoyo
La casa de Jefferson es una choza de esteras, carrizo y calaminas. Su familia cría un chancho, que está encerrado en un corral, en la parte trasera de su casa. “Fue el único animal que sobrevivió a la inundación. Trajimos cuatro, pero los otros tres se fueron muriendo poco a poco”, cuenta Rivas Chero. En su casa, como en todas las 400 viviendas del campamento San Pablo, todo es donado: las calaminas, los baños, los utensilios, los cuadernos de los niños, los colchones, todo.

El padre de Jefferson no está en casa. Ha salido de madrugada a trabajar como peón en una parcela de uva, en el distrito de Veintiséis de Octubre, en Piura. Su madre está preocupada por el retraso en las clases, y porque no tiene dinero para comprarle los útiles escolares ni el uniforme a sus dos hijos: la pequeña Karla pasa a primer grado de primaria.

“El año pasado algunas ONG nos regalaron cuadernos y útiles, pero este año nadie ha venido. Encima que no sabemos si el lunes comenzarán las clases”, dijo. A eso se suman otros problemas administrativos: como el colegio no está reconocido oficialmente por el Ministerio de Educación, las libretas de los estudiantes salen con el código de los colegios donde estudiaban antes, antes de la inundación de marzo del año pasado.

“Hay niños de acá que todavía no han recibido libretas, por problemas administrativos. Algunos padres de familia han optado por matricular a sus hijos en Pedregal Grande, en Catacaos o en Cura Mori, pero allá de nuevo nos dicen que no hay vacantes”, cuenta la madre de Jefferson.

Santa Rosa
Similar situación de precariedad y falta de docentes se vive en el colegio del campamento de damnificados Nuevo Santa Rosa, en el kilómetro 980 de la carretera Panamericana Piura-Chiclayo. Ahí, según contaron los pobladores, las clases se reanudaron el último martes y miércoles, pero con pocos profesores y con deficiencias de infraestructura.

Karina Sandoval Morales dijo a El Comercio que faltan dos profesores para inicial de 3 y 4 años, y dos también para primaria. “El año pasado sí hubo secundaria aquí, pero por falta de profesores este año no habrá”, dijo. La mayoría de estudiantes que viven en viviendas precarias en este sector tampoco cuentan con útiles escolares ni uniformes.

El último sábado los padres de familia se organizaron para limpiar las aulas de este colegio. Carlos Paz, dirigente de este sector, dijo a El Comercio que las autoridades les han prometido que este lunes llegarán los alimentos de Qali Warma. “Queremos que nuestros niños estudien en mejores condiciones, usted vea cómo están las aulas y los baños”, lamentó.

La Defensoría del Pueblo de Piura, en una visita que realizó la semana pasada a este colegio, exhortó a las autoridades de educación a mejorar las condiciones de infraestructura y aumentar el número de profesores. Este colegio tampoco está reconocido oficialmente por el Minedu, y eso complica más el panorama que viven los damnificados de El Niño costero.


Datos
Cabe destacar que en Piura hay 5.112 instituciones educativas públicas y 1.303 privadas. Además, hay 417 mil 434 alumnos que estudian en colegios públicos y 100 mil 578 que lo hacen en escuelas privadas.

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