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“La gestión del riesgo debe estar en las mentes”

Lilian Cabrera Villar,  socióloga y gerenta de la ONG Plan Internacional conversó con El Comercio respecto a la ayuda que desplegó durante El Niño costero en Piura y las metas de la reconstrucción

“La gestión del riesgo debe estar en las mentes”

Lilian Cabrera nació en Cajamarca pero llegó a Piura a mediados de 1983 para atender a los damnificados de El Niño. La región está en su corazón. (Foto: Ralph Zapata)

Ralph Zapata

Nació en Cajamarca, pero ella se considera también piurana. Llegó a esta región en plena emergencia por el fenómeno de El Niño de 1983, que para ella ha sido el más feroz de los tres últimos. Dentro de poco la ONG que gerenta, Plan Internacional, lanzará un programa de ayuda humanitaria a los migrantes venezolanos que ingresan a diario por Tumbes y Piura. Por ahora, sus esfuerzos están enfocados en colaborar con la reconstrucción de Piura.

—¿Cómo encontró Piura cuando usted llegó?

Llegué la segunda semana de junio de 1983 y Piura estaba destrozada, parecía bombardeada. Estaba desabastecida de alimentos, con bichos de todo tipo, sin luz ni agua. Mi trabajo era ir a todos los asentamientos humanos y localidades rurales para entregar ayuda humanitaria. Después trabajé en Care Perú, enfocada en ayuda para la niñez, alimentación balanceada para las madres, temas de género y liderazgo. En 1997 pasé a Plan Internacional.


—¿Cómo empezó en esta ONG?

En todos mis trabajos siempre he ingresado por concurso, por meritocracia. En Plan Internacional me designaron coordinadora de una zona. En ese tiempo llevábamos ayuda humanitaria a pie desde Morropón hasta Chalaco y Santa Catalina de Mossa. Caminábamos hasta dos días, cargando medicamentos, insumos para potabilizar el agua, paquetes escolares. Cruzábamos el río en cámaras de llanta y los burros cargaban la ayuda humanitaria; nosotros íbamos a pie.


—¿Qué ayuda desplegaron el año pasado en la región?

[Durante y después de El Niño costero] hemos movilizado mucha ayuda. Unos 4.587 niños y adolescentes recibieron apoyo socioemocional y refuerzo escolar. Además apoyamos en la construcción de 19 aulas temporales y el mejoramiento de otras 6; entregamos 1.484 kits para bebes, 1.600 kits de higiene femenina, paquetes escolares, kits de agua segura y también realizamos una campaña de control contra el dengue, zika y chikunguña.


—¿Cómo evalúa la reconstrucción?

Sé que el Gobierno está haciendo grandes esfuerzos, pero en la práctica no se ve. La reconstrucción supone volver a una situación mejor a la de antes, con enfoque de gestión de riesgo. Pensar si la pista está bien construida, las viviendas bien ubicadas. Y lo que veo es que se están haciendo retoques. Después le echamos la culpa a El Niño o a las lluvias, cuando en realidad el problema es de ingeniería. Si una obra se diseña bien, con los materiales adecuados y supervisas que se haga bien, seguro resistirá las lluvias.


—¿Le parece que hay un enfoque humano en la reconstrucción?

Más de un año después aún tenemos familias que viven en carpas. Eso responde tu pregunta. No sé a qué entidad del Gobierno le corresponda, pero deberían hacer una sola fuerza y enfocarse en obras fundamentales y no despilfarrar dinero en cosas menudas. Nosotros hemos construido 130 módulos de vivienda; y rehabilitamos otras 283 casas en Tambogrande, Viduque y Catacaos, que no habían sido atendidas por el Estado.


—¿Qué lección nos debe dejar este último fenómeno de El Niño?

Que tenemos que prepararnos. La gestión del riesgo debe estar en nuestras mentes todos los días. Está en el papel, en las leyes, pero no se cumplen, lamentablemente. Debemos tener un enfoque de riesgo y prepararnos en nuestras comunidades porque esto es cíclico. No asentarnos en zonas inundables, hacer buenas construcciones. Hacer las obras pensando en que el El Niño volverá.

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