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El Niño costero: así viven los vecinos de Pedregal Chico, que hoy cumple 182 años

Pedregal Chico fue el primer pueblo del Bajo Piura que se inundó hace cinco meses. Desde entonces, solo el agua se ha secado

Aquí, en Pedregal Chico, no hay mucho que celebrar. “¿Qué vamos a celebrar? –se pregunta Eleuterio Vilchérrez Sosa, mientras saca barro de su casa en una carretilla–. ¿Vamos a celebrar que seguimos olvidados. Sin desagüe, con agua a cuentagotas, en carpas, en chozas. Escuchando de millones para la reconstrucción, pero hundidos en la arena. Y en la miseria. ¿Eso vamos a celebrar?”

Pedregal Chico fue el primer pueblo del Bajo Piura que se inundó hace cinco meses en el marco de El Niño costero. Desde entonces, solo el agua se ha secado. Los diques siguen abiertos y han formado lagunas de agua que son como cicatrices del 27 de marzo. Cicatrices que le recuerdan a Sergia Chero Chero, de 71 años, su casa rodeada de agua, los animales que perdió, el helicóptero que la rescató, a ella y a siete vecinos que vivían cerca del dique Dos Ánimas.

De su casa no quedó nada. Solo arena. La mujer ahora vive en una choza de esteras y calaminas que le construyó la iglesia. En su casa hay apenas una mesa de madera, unos cuantos utensilios usados, una caja de cartón donde guarda la ropa que le regalaron, y una silla de plástico donde se sienta observar cómo pasa el día. Porque en las noches, cuando el frío aparece, se mete a la carpa que está al costado.

“Duermo en mi carpa, porque acá adentro hace frío, el frío pasa por las esteras. Mi casa era grande, de una familia, en ella invertí 30 mil soles, pero el río se llevó todo, hasta mis documentos, mis puertas de fierro. Todo. Cuando volví, no encontré nada. Solo barro. Solo pampa y una laguna de agua”, dice entre sollozos.

A destiempo
Desde hace cinco meses, Pedregal Chico es un arenal, donde aún hay casas repletas de barro, como la de Eleuterio Vilchérrez, y carpas, muchas carpas blancas donde duermen vecinos como Sergia Chero, María Chero, Otilia Franco o los hermanos Inga Chero. Las casas exhiben las marcas de agua, hay paredes rajadas, o casas como la de José Chero Vilchérrez que están a punto de desplomarse.

“Los damnificados siguen en las carpas porque el gobierno solo entregó 135 módulos temporales, cuando somos 300 familias damnificadas aquí”, dice Chero Vilchérrez, del comité de seguridad ciudadana, pero que por ahora se gana la vida –igual que otros 100 pobladores– limpiando el pueblo.

La ONG Care Perú y el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) los contrataron como parte de un proyecto social para que trabajen durante una semana limpiando su pueblo, que estos días cumple 182 años de creación política. Hay mujeres con escobas, cerca del comedor popular, otros en la cancha deportiva, donde una camioneta azul funge de símbolo de la tragedia.

Solo queda protestar
En Pedregal Chico los casi 3 mil pobladores se abastecen de agua potable en seis pilones que se ubican en puntos estratégicos. Desde allí cargan agua en baldes hasta sus casas. Y usan baños químicos, porque la inundación deterioró los servicios básicos. Esas carencias obligaron a los pobladores –cansados de una reconstrucción que todavía no llega– a protestar hace unos días.

“Los baños químicos no alcanzan para todos. La gente hace cola. Muchos pobladores se van al campo a hacer sus necesidades, como animalitos. Y las niñas también lo hacen, pero corren peligro. A eso se exponen”, reclamó Carlos Chero Vílchez, agente municipal de Pedregal Chico.

Sus reclamos fueron respaldados por el alcalde de Catacaos, Juan Cieza Sánchez, quien dijo que “ya pasó la etapa de la carpa. Ahora queremos las casas definitivas. Ya módulos para qué. Queremos el agua y el alcantarillado, y que cierren los diques Dos Ánimas, Los Gonzales y San Antonio”.

Al respecto, cabe destacar que hace unos días el Gobierno Regional de Piura otorgó la buena pro para cuatro las primeras obras de rehabilitación, que incluyen los tres diques del Bajo Piura que reclaman los vecinos de Pedregal Chico.

Cuando terminó la protesta, Eleuterio Vilchérrez cogió su pala y caminó por ese sendero de arena hacia su casa. Aún había barro que extraer. 


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