Aunque suene irónico, el cementerio José de Los Ángeles salvó de la muerte a unas 100 familias de los centros poblados Pedregal Grande y Nuevo Pedregal, en el Bajo . Ambos caseríos resultaron inundados luego de dos desbordes consecutivos del río Piura. El camposanto se ubica en la parte alta de Nuevo Pedregal, en el distrito de Catacaos y sirve de refugio de los damnificados. Ellos sobreviven allí, y reciben ayuda humanitaria de las autoridades y de las personas solidarias.

Las camas de los damnificados son los mausoleos de cemento, que además usan como mesa para almorzar. (Foto: Lino Chipana / El Comercio)

Manuel Sandoval Aquino, de 71 años, es uno de los damnificados de Pedregal Grande, que desde el lunes vive en un mausoleo, junto a sus dos hijos. Sus camas son los mausoleos de cemento, que además usan como mesa para almorzar. “La inundación mató mis dos caballos, y todos mis pollos y mis pavos que criaba. Ahora estamos aquí, en este mausoleo, sin luz, y recibiendo la caridad de la gente”, contó entre lágrimas.

A su costado lo acompaña, Marcelino Ipanaqué Silupú, de 65 años. Él ocupa otro mausoleo del cementerio. “Aquí estamos aguantando a los zancudos que nos comen toda la noche. Mire las ronchazas que tengo. No tenemos camas ni colchones, y lo que comemos es lo que la gente nos regala. Queremos repelente, colchones, una frazada para estar mejor”, pidió.

El cementerio José de Los Ángeles alberga a unas 100 familias de los centros poblados Pedregal Grande y Nuevo Pedregal, en el Bajo Piura. (Foto: Lino Chipana / El Comercio)

Más allá, cerca del pabellón principal de este camposanto se han instalado unas 15 carpas de Defensa Civil, pero son insuficientes para los 100 damnificados que hay allí. Ellos se las han ingeniado para improvisar techos, colocar cartones como cama y hasta cocinar, allí, en ese espacio que huele a muerte.

Mientras uno recorre este lugar, las historias aumentan en intensidad y dolor. Un ejemplo es el dálogo de dos niños, José Luis y Miller. El primero le pregunta al segundo: “¿Y vivió tu chancho?” El otro le responde que no, que se ahogó en la inundación. “El mío también se me escapó y no lo encuentro. ¿Dónde estará?, y si aún vivirá”; lamenta José Luis.

Los damnificados que actualmente viven en el cementerio manifiestan que hay muchos zancudos en la zona y que tienen muchas picaduras. Por eso, piden donaciones de repelente. (Foto: Lino Chipana / El Comercio)

Los niños aún avanzan mientras observan un drone que sobrevuela esa zona. Entonces uno entiende, después de escuchar tanto drama, que la vida siempre se aferra a la esperanza. Que en medio de la desgracia el ingenio humano destaca, y que la solidaridad siempre seguirá siendo la respuesta a tanta calamidad.

El cementerio José de Los Ángeles alberga a unas 100 familias de los centros poblados Pedregal Grande y Nuevo Pedregal, en el Bajo Piura. (Foto: Lino Chipana / El Comercio)

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