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Postales de una tragedia que no ha terminado [CRÓNICA]

En Virú (La Libertad), Tumán (Lambayeque) y Viduque (Piura) la crisis se mantiene un mes después de las lluvias y desbordes.

El valle de Virú, en La Libertad, fue el epicentro de uno de los principales movimientos migratorios registrados en el país desde mediados de la década de 1990 en adelante. El proyecto agrícola Chavimochic atrajo a poblaciones de diversas regiones, no solo de la costa norte sino también de la sierra centro y sur. Hasta hace pocas semanas, en las partes bajas de Virú se veía extensos campos sembrados cruzados por canales de riego como si fueran venas. El agro, aquello que más alienta el dinamismo monetario en Virú, es ahora lo que reporta las más grandes pérdidas luego de las lluvias, huaicos y desbordes que golpearon esta región hace exactamente un mes. Es curiosa la manera en que la economía se erige indirectamente como causa y consecuencia.

También es curioso cómo la (mala) política juega sus fichas en el desastre. Además de Chavimochic, otra de las razones por las que Virú creció tan rápida y desordenadamente fue el tráfico de terrenos. En octubre del 2015 fueron capturados 20 integrantes de la banda criminal Los Cagaleches, una de las más sanguinarias de La Libertad. Sus integrantes se dedicaban al cobro de cupos, la extorsión, el sicariato y la invasión y venta ilegal de tierras para viviendas. Víctor Félix Hernández, ex alcalde de Chao (distrito de la provincia de Virú), fue uno de los detenidos; fue autoridad entre 1998 y el 2002, y en los años siguientes utilizó sus contactos en el municipio en favor del grupo criminal. En este momento, 3.700 viviendas en Virú están destruidas o inhabitables y otras 2.700 fueron afectadas, muchas de ellas en terrenos donde esta mafia operó y que por ello crecieron sin ningún control.

Esto es lo que queda de la zona agrícola de Virú (La Libertad): tierras destruidas, viviendas caídas y canales de riego rotos. (Foto: Lino Chipana).

#Tumán concentra el 90% de casos de dengue de #Lambayeque [#FOTOS] https://t.co/kfhdRHTGJ4 pic.twitter.com/4Lm0Bb9DSl— Sociedad El Comercio (@sociedad_ECpe) 22 de abril de 2017

De esta situación se sabía muy poco porque, durante los días más crudos de la tragedia, lo que más impactó en Virú fue que el puente del mismo nombre colapsó por la fuerza del río, y que el tránsito terrestre entre la costa norte y el resto del país quedó prácticamente interrumpido.
 
En el mes que siguió, algunas cosas cambiaron en esta localidad liberteña, otras no tanto. El puente Virú fue reemplazado por un puente Bailey y el tránsito en la carretera es otra vez fluido. Miles de damnificados, en cambio, permanecen refugiados en carpas, aunque visitan a diario el lugar donde sus viviendas se cayeron luego de los desbordes por si llega alguna autoridad que ofrezca ayuda o alguna maquinaria pesada que permita remover escombros; a estas alturas las prioridades se superponen.

—La ruta del dengue—
En el uniforme guinda de Dora Rodríguez se lee ‘obstetra’, pero esta no es precisamente la especialidad que ejerce ahora. Ella es la doctora responsable del hospital de campaña de Tumán, distrito que concentra casi el 90% de casos de dengue en Lambayeque. Caminando entre las carpas instaladas en el patio de un coliseo, explica que este hospital de campaña se levantó recién el 3 de abril, cuando todos los centros de salud de Tumán se vieron desbordados por la cantidad de pacientes que llegaban con los síntomas de esta enfermedad que se desplaza silenciosa por la costa norte.

Los casos autóctonos de dengue en Tumán no aparecieron recién por el El Niño costero, sino en agosto del 2015. Cierto día, un hombre se sometió a chequeos médicos porque presentaba fiebres altas y dolores musculares extraños. Se confirmó que padecía dengue. Aquel señor nunca había salido de Tumán, y este dato confirmó que el ‘aedes aegypti’ se había instalado en el distrito. En todo el 2015 hubo 147 casos, pero ninguno mortal. En el 2016 fueron 347 casos, y se reportó la muerte de una persona. Este año, los cambios en las temperaturas y el incremento violento de las lluvias provocaron un rápido repunte de los casos; ya se ha confirmado la enfermedad en 480 personas, y hasta el momento dos han muerto.

De los 480 casos de dengue confirmados en Lambayeque, el 90% se concentra en el distrito de Tumán (Lambayeque). (Foto: Lino Chipana).

Las desastrosas secuelas de El Niño costero en #LaLibertad [#FOTOS] https://t.co/BGHod6FlOI pic.twitter.com/yxHYcUmeBc— Sociedad El Comercio (@sociedad_ECpe) 22 de abril de 2017

Esta semana, el nivel de la alerta creció cuando se confirmaron varios casos de dengue en el centro de la ciudad de Chiclayo, que permanecía relativamente a salvo. El zancudo se encontró en viviendas ubicadas cerca de los paraderos de colectivos que van y vienen de Tumán; esto quiere decir que el vector, literalmente, viajó para expandir su rango de acción.

En los alrededores del centro de Chiclayo, los equipos de fumigación avanzan casa por casa, manzana por manzana. En cambio, en Tumán, donde el problema ya alcanza la magnitud de una pandemia, aún hay quienes se resisten a dejar ingresar a los fumigadores a sus viviendas, incluso cuando estos han acudido acompañados de militares y fiscales. Solo el 57% de casas de Tumán han podido ser fumigadas, pero Dora Rodríguez, la obstetra experta en dengue, sabe que no fumigar todas es igual a no fumigar ninguna, porque el ‘aedes aegypti’ otra vez viajará.

—Inundados y perdidos—
Norma Chuquicusma patea un colchón inservible por la humedad colocado afuera de su casa para espantar a los mosquitos; estos vuelan entonces hacia el triciclo de su hija, que tampoco sirve.

Edward Núñez camina apoyado en una rama entre los pedacitos de suelo seco que hay dentro de lo que era su vivienda, porque casi toda está sumida en fango, y en la superficie se ve a miles de mosquitos en actitud quieta; si él cae al fango se vería rodeado por una nube gris venenosa.
 
María del Pilar López deambula por su casa observando objetos hundidos en el barro –un zapato, un balde de juguete, una cacerola– y decidiendo sobre la marcha si vale la pena rescatarlos; sale con las manos vacías. 
Teodoro More enseña una línea horizontal en la pared del cuarto de su hijo a la altura de su cuello: “¿Qué hace uno cuando el agua le llega hasta acá?”, pregunta. Nadie responde.

Esta semana se intensificó la fumigación en el centro de la ciudad de Chiclayo. (Foto: Lino Chipana).

Derly Ancajima hunde sus muletas en el piso de las cuatro habitaciones que tenía su casa, y que ahora es una masa de barro húmedo y sucio donde no volverá a vivir.

Francisco La Chira, que habita este centro poblado hace 50 años, recoge sin ganas dos imágenes de cerámica que formaban parte de su nacimiento navideño; las esteras de las paredes de su rústica vivienda se vinieron abajo, pero él se resiste a abandonarla.

Estos seis vecinos de Viduque (en el distrito de Catacaos, en Piura) componen el paisaje más desolador que se puede encontrar en un recorrido por las zonas más afectadas de la costa norte luego de las lluvias, desbordes y huaicos que se registraron un mes atrás. En este centro poblado se ubica uno de los diques que colapsó por la fuerza del río Piura, y la inundación fue rápida, prolongada y absoluta. Nada se salvó: ni las casas, ni la escuela, ni el campo de fútbol, ni los desagües. Lo único que queda en pie es una balsa –tres troncos largos atados con sogas– que un grupo de pescadores de Paita armó en minutos, y con la cual rescataron a decenas de habitantes de morir ahogados. Esa balsa es en este momento el único objeto material de Viduque que todavía sirve, que todavía resiste.

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#Piura: damnificados todavía no se recuperan de El Niño costero https://t.co/hRxAaVJPc8 pic.twitter.com/P1DQv27C66— Sociedad El Comercio (@sociedad_ECpe) 22 de abril de 2017

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