Fernando Alayo Orbegozo

Periodista de la sección Nacional

fernando.alayo@comercio.com.pe

—¡Sírvete un cigarrito! —le reclama Daniel Lisuratás, quien no para de fumar su cigarrillo.
—Ya lo dejé —dice Daniel Abugattás.
—¡Pero si tú fumabas como chino en quiebra, carajo!

En esta escena de “El especial del humor” –transmitida en el 2013–, el congresista conversa con el actor Jorge Benavides, quien lo imita como un adicto al cigarrillo y a las lisuras. Aquella fue la primera vez que reveló haber superado su adicción al tabaquismo.

—La legislación vigente—
Daniel Abugattás empezó a fumar a los 13 años. En el verano de 1968, junto a sus amigos del barrio, recorría los parques de la urbanización Santa Cruz, en Miraflores. Buscaba los cigarros a medio usar que la empresa Tabacalera Nacional desechaba en las áreas verdes del distrito, los llamados ‘pitillos’. “Un alcalde creyó que se podían utilizar como abono y autorizó que los tiraran allí. Era un niño, pero fumarlos me hacía sentir maduro”, recuerda. En aquellos años, el tabaco estaba en todos lados: en las películas de John Wayne, en las fotografías de Juan Velasco con sus cigarrillos marca Presidente y en la publicidad.

Hoy se restringe parcialmente este tipo de anuncios. En abril del 2006, el Congreso aprobó la Ley 28705 para regular la promoción del consumo de tabaco. Esta obligó a los fabricantes a cumplir medidas específicas para divulgar sus productos.

Según la ley, en cada anuncio se debe consignar una advertencia sanitaria en un 15% del espacio publicitario. Estos anuncios solo pueden colocarse en medios gráficos (diarios o revistas), ya que se prohíbe su difusión en la radio y la televisión. También está restringida la publicidad exterior a menos de 500 metros de colegios, pero la norma no tiene alcance sobre otros espacios públicos, como los puntos de venta masivos (supermercados y bodegas).

—Los impactos—
En la década de 1970, además de estudiar Ciencias Sociales en la Universidad Católica, Daniel Abugattás era atleta. Su especialidad: el salto alto. Sin embargo, no podía correr ni hacer pruebas de resistencia por su adicción.

En 1987, como directivo de la Federación Peruana de Atletismo, fue invitado a una convención en Toronto. Allí se divorció del tabaco por primera vez: “Estaba en una cena y empecé a fumar, pero todos reprocharon mi actitud. Me avergoncé tanto, que lo dejé. Me duró hasta 1994, cuando recaí”.

En el Perú, el consumo de tabaco afecta al 20% de la población (según el Instituto Nacional de Estadística e Informática). La evidencia científica demuestra que en las zonas urbanas se registra una alta incidencia de tabaquismo, entre otras razones porque hay una mayor exposición al márketing de estos productos, según explica Vanessa Herrera, especialista del Instituto Nacional de Salud Mental (INSM) Hideyo Noguchi.

Herrera indica que la publicidad es vital para incitar el consumo de tabaco, ya que idealiza a quienes fuman y les atribuye cierto estatus. “Cuando los menores de edad observan estos anuncios, se da un estímulo negativo. Quieren imitar esta representación distorsionada”, dice.

El 33% de los jóvenes entre 13 y 15 años –que ya consumen tabaco– admite haber sido influenciado por la publicidad, según un informe del 2015 elaborado por la Organización Mundial de la Salud (OMS).

—La regulación—
En el 2012, se presentaron cuatro proyectos de ley en el Congreso que buscan prohibir la publicidad del cigarrillo en todas sus formas. El debate de estas iniciativas en el Parlamento se ha postergado [ver recuadro].

A partir de experiencias internacionales, el Ministerio de Salud (Minsa) estima que la restricción total de anuncios de cigarrillos podría reducir el consumo en 8%. “[De aprobarse] esta normativa se debería complementar con campañas educativas en colegios y universidades”, dice Carlos Ayestas, vocero del Minsa.

Quienes más se oponen a este tipo de regulación son las empresas tabacaleras. En el Perú, una de las que tiene mayor participación en el mercado es British American Tobacco (BAT). En su sitio web, la transnacional sostiene que: “Medidas como prohibir la exhibición del producto al consumidor [...] pueden distorsionar la competencia entre las compañías de tabaco y [...] pueden dar lugar a que se consuman productos más baratos, de menor calidad e incluso comercializados ilegalmente”.

Consultado por El Comercio, Alfredo Bullard, abogado de BAT, precisa que con esa norma se perdería la libertad de expresar las ventajas del producto y el derecho de los consumidores a informarse sobre la oferta disponible.

—Las costumbres—
Abugattás dejó de fumar definitivamente en el 2008, cinco años antes de grabar aquella escena de “El especial del humor”. Llegó a consumir 40 cigarrillos al día, pero una afección cardíaca lo obligó a renunciar. Su cura: la vareniclina, un fármaco que suprime la necesidad corporal de nicotina.

Hoy vive sus últimos días como congresista. No fue reelegido, pero espera que Jorge Benavides vuelva a imitarlo algún día, aunque sin un cigarrillo en la mano. “En los próximos cinco años, mi único plan seguro es no volver a fumar”, dice.

El Congresono discute aún los proyectos de ley presentados

Los proyectos de ley presentados en el 2012 –que plantean la restricción total de la publicidad del tabaco– se basan en la recomendación del Convenio Marco para el Control de Tabaco (CMCT), que en el 2004 firmó el Perú con la Organización Mundial de la Salud (OMS).

El 16 de junio pasado, la Comisión de Salud del Congreso puso en agenda la discusión de las iniciativas legislativas. Sin embargo, esta nunca se dio. El congresista Jaime Delgado, autor de uno de los proyectos, denunció que el presidente de esa comisión, Aldo Bardalez (Fuerza Popular), solicitó un receso en pleno debate, se retiró del hemiciclo y no regresó.

“Él sabía que sin su presencia era imposible aprobar el proyecto”, dice Delgado. Bardalez niega la acusación y señala que la iniciativa no prosperó porque “carece de consenso”. El Comercio solicitó al congresista que explicara su posición, pero no hubo respuesta.

Para el abogado de la empresa British American Tobacco (BAT), Alfredo Bullard, la eventual aprobación de esta norma desnaturalizaría el derecho a ejercer la actividad económica de manera razonable. “Las empresas tabacaleras han demostrado tener una alta responsabilidad social, mayor que la del Estado, que cuando no puede fiscalizar, regula”, dijo.

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