Carlos Fernández

colaborador de El Comercio

Dcarlosfb@gmail.com

Durante estas últimas semanas, hábiles manos vienen bordando diversas figuras sobre multicolores telas, utilizando hilos de oro y plata, además de lentejuelas y piedras preciosas. El objetivo es fabricar la mayor cantidad de capas, chaquetas, faldones, máscaras, entre otras prendas que se utilizan en las danzas típicas de .

Debido a que los talleres de bordados de la región no se dan abasto, un grupo de internos del penal de Puno se sumó a la confección de trajes para las diversas comparsas que participarán en los festejos por la octava de la festividad de la
el próximo domingo 10 de febrero.

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Ellos laboran en talleres recientemente inaugurados dentro de la cárcel, ubicada en el sector de Yanamayo. Con agujas, hilos y tijeras en mano confeccionan hermosos trajes en un arduo trabajo contra el reloj, teniendo en cuenta la proximidad de la fiesta.

“No sabía nada de bordados, solo bailar. Un ex compañero, ya libre, me enseñó a diseñar, bordar y coser. En 2017, un diseño mío de moreno ganó un concurso de elencos en el carnaval de Juliaca”, cuenta Teófilo Calsín Huallpa, condenado por robo agravado y preso desde hace seis años.

Antes de interesarse en la confección de trajes, Calsín Huallpa danzaba caporales en conjuntos de Juliaca como Afovic y Señor de Qoyllority, quienes también bailan en homenaje a la Virgen de la Candelaria.

“Cometí un error y lo estoy pagando. Creo en la Mamita Candelaria, por eso bailaba para ella, pero nunca me interesó ni tenía idea sobre cómo se hacían estos trajes, hasta que ingresé a la cárcel y un compañero me enseñó. También me sirvieron las capacitaciones en cursos organizados por el INPE”, refiere.

Ahora, él dirige uno de los seis talleres de bordados, donde lo acompañan otros seis compañeros de prisión, varios de ellos también en proceso de aprendizaje. “Cuando cumpla mi condena y salga del penal en unos ocho años, pondré mi propio taller en la ciudad”, añade Calsín.

La historia de Edgar Larijo Cutipa es diferente. Él también dirige uno de los talleres de bordado desde que ingresó al penal (unos ocho meses atrás).

“Soy bordador desde los cinco años. Toda mi familia se dedica a confeccionar trajes para morenadas, diabladas, caporales y otras danzas. Mi taller de bordados en Ilave se llama Bordados Collasuyo y atendemos a muchos conjuntos de toda la región”, expresa Larijo Cutipa.

Los contratos de alquiler o compraventa los realiza su esposa, quien dirige su taller en Ilave. En la cárcel confecciona una parte de los trajes, el resto lo hace su familia para luego entregarlo a las comparsas.

En total, son unos 100 internos los que participan en ocho talleres de bordado y elaboración de caretas y matracas. Todos ellos conforman parte del programa Cárceles Productivas que implementó el Instituto Nacional Penitenciario (INPE).

En el penal de Puno, con una población de 750 internos, el 90% de
ellos se ha acogido al programa, que también cuenta con talleres de trabajo en cuero, carpintería, cerámica y textilería (tejidos).

El director de dicho establecimiento, Víctor Ticona Vilca, indicó que
este año se implementó Candelaria 2019, montándose seis ambientes especiales únicamente para bordados y confección de trajes para esta festividad y los carnavales de Juliaca.

“En el presente año se les han dado todas las facilidades posibles para que los internos hagan sus contratos de forma directa (como es el caso de Edgar Larijo) o a través de casas bordadoras de la región, como es en el resto de los talleres”, precisó.

Los funcionarios del INPE se encargan de garantizar la entrega de los pedidos en el tiempo estipulado en el contrato.

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